viernes, 1 de junio de 2012

Historias Olímpicas (VII). ¿Qué hace un chico como tu en una piscina como esta?

Nuestro héroe olímpico del día cumplió, precisamente ayer, 34 años de edad. Su palmarés no lo adorna ninguna medalla, ni fue campeón del mundo. Ni siquiera estuvo a punto de conseguirla. Es más; hubiera pasado completamente inadvertido de no ser por lo malos que fueron sus resultados y lo difícil que lo tuvo.

Hagamos un poco de historia. Dotada de una de las mayores reservas madereras del mundo, Guinea Ecuatorial alcanza su independencia de España en 1968. Sin embargo, una serie de conflictos internos aúpan al poder a uno de los dictadores más sanguinarios del último medio siglo en cualquier lugar del mundo. Teodoro Obiang derroca en 1979 a su tío, el no mucho menos despreciable Francisco Macías, y se convierte en una suerte de omnipotente dictador que espanta a las inversiones extranjeras y fuerza al exilio a miles de guineanos.
Teodoro Obiang

Un año antes de que Obiang –el hombre sobre el que circulan leyendas como sus prácticas caníbales con algunos de sus opositores- ocupe el Palacio Presidencial de Malabo, ha nacido Eric Moussambani. Uno más de millones de guineanos que escribirá su nombre en la historia 22 años después.

Es en el año 2000 cuando los Juegos vuelven a Oceanía. Sidney, elegida para la cita olímpica, espera con ansiedad la exhibición del héroe local, Ian Thorpe. El holandés Pieter Van Hoogeband y un tal Michael Phelps que debuta en la máxima cita también copan portadas.

Guinea quiere exhibirse al mundo. Y empieza a reclutar jóvenes por todo el país. A Eric Moussambani lo preparan para competir. Pero de un modo, digamos, un tanto especial. Ocho meses antes de los juegos, por primera vez se mete en una piscina para nadar. Es en la de un hotel: en los dominios de Obiang no hay una piscina de dimensiones olímpicas.

Y llegan las olimpiadas. En la misma serie eliminatoria en la que Van Hoogeband bate el record mundial de los 100 metros libres, Moussambani bate el suyo particular: cubre las distancia, a duras penas, en casi dos minutos, más de uno por encima del tiempo del ganador. Es la primera vez que Eric ve y prueba una piscina de 50 metros. Incluso hay gente que teme por su integridad cuando nada prácticamente sin ritmo ni fuerza. Pero el público de la piscina olímpica se enternece, se vuelca con el antihéroe y rompe en aplausos cuando aprecia que, verdaderamente, el héroe no es el recordman mundial. Moussambani, exhausto, no cae en la depresión ni en la humillación. Antes al contrario, a pesar de haber hecho 100 metros con un tiempo superior al record mundial de los 200, sonríe y muestra su satisfacción por haber completado el recorrido. Durante los meses siguientes, "Eric el Anguila", se convierte en un auténtico fenómeno mediático a nivel mundial.
Eric Moussambani tras acabar su intervención en Sidney'00

Eric no participa en los juegos de 2004, en Atenas, por un problema con su visado y este año fue nombrado entrenador del equipo nacional de natación. Vive a caballo entre Malabo y Valencia, en España, y su imagen es, probablemente, la que mejor ilustra un viejo aforismo que algunos consideran de perdedores. Aquel que dice que lo importante no es ganar, sino participar...

No hay comentarios:

Publicar un comentario