miércoles, 7 de diciembre de 2011

Cuando llegue la III...

Escribo en una habitación presidida por un cristo pequeño, de escasos centímetros, tallado por un hombre honesto. Un hombre que me dejó pequeñas insignificancias en lo material, pero enormes en lo sentimental: un anillo que luce mi dedo con orgullo, algunos libros de aventuras o un pequeño trozo de banderita republicana. De la época. Como Rodríguez Zapatero, yo también soy nieto de un republicano: guardó un trocito de la antigua enseña nacional durante cuarenta años. Sólo el sabrá por qué, pero con el tiempo decidió hacerme depositario de ese trocito de historia.
Fue republicano, más vivió hasta el final de sus días con la amargura de haber luchado con el enemigo. Como a tantos otros, le obligaron a luchar con los nacionales si no quería entregar su propia vida y la de sus familiares. Ojo: de canalladas como estas no están eximidas ninguna de las dos partes.
Luchó en la batalla del Ebro. La primera vez que hablé con el de eso fue un día en el que lo vi cogiendo una mosca al vuelo y comiendosela. “¿Estás loco?”, le pregunté. Me respondió que aprendió a cazar moscas en la guerra; a veces era lo único que comía. Me contó que luchó contra quienes eran sus compañeros ideológicos. “Nunca supe si maté uno, ninguno o doscientos. Disparaba sin mirar, al azar”, me confesó con pena.
A pesar de luchar contra si mismo y sus ideales, ganó la guerra. Y pudo obtener su recompensa: un confortable trabajo. Pero decidió que ya se había traicionado bastante y renunció a vestir un uniforme. Mi abuelo era así. Como contrapartida, cuarenta años en el Barrio de las Latas –si: yo nací en una barraca ¿pasa algo?-, descargando contenedores en el Puerto y haciendo todos los trabajos posibles.
Sólo recuerdo verlo llorar dos veces: cuando enviudó y cuando desapareció la Unión Soviética. Y en sus últimos años, el viejo comunista hablaba con pena, más nunca con rencor. “Aquello, aquello fue”. Jamás tan pocas palabras me dijeron tanto.
Mi abuelo era comunista y republicano. Y soñaba con ver llegar la III República. Y ahora, en esta época del año en la que tanto nos acordamos de quienes nos faltan, lo recuerdo, lo comparo con lo que veo y me río de la condición humana: quien posiblemente mató y vio morir, jamás tuvo rencor. Por el contrario, muchos que sólo conocen aquello por los libros –como yo- desprecian el marco de libertades actual, mitifican aquel desastre y quieren ganar la guerra 75 años después porque mola mazo y mogollón. Pais…

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