martes, 23 de septiembre de 2014

Y Hyde se comió a Jekill

Hay veces en los que uno lamenta no dejar por escrito ciertas predicciones que hace en privado. Recuerdo una cena con compañeros hace algunos años en los que comenté mi sensación de que había algo en Alberto Ruiz-Gallardón que descolocaba. No podía ser que el que fuera secretario general de la AP de Fraga e hijo de una familia de abolengo en el anterior régimen pareciera, a veces, a la izquierda de Llamazares. O nos había ocultado su verdadero yo en los 80, o lo estaba haciendo ahora.
El alcalde de Madrid de los dos primeros fiascos olímpicos y los atentados del 11 M fue, finalmente, ministro. Y el Gallardón progre, que provocó algún sueño húmedo en cierta izquierda sólo de pensar en un capítulo de transfuguismo, murió. El -me temo- verdadero Alberto machacó a su rival. Hyde devoró a Jekyll.
Abandonado por los suyos, denostado por los de enfrente, tira la toalla uno de los políticos imprescindibles del último cuarto de siglo. Y al que, finalmente, le pudo la coherencia. No tiene sentido defender ahora un proyecto de ley modificado tras confiar su carrera política al texto original. Para delicia de Rouco Varela. 

martes, 5 de agosto de 2014

El regreso del cura maldito

Es un cuatro de agosto tan costumbrista y caluroso como cualquier otro. Pero ayer, mientras unos cuantos compañeros tratamos de recoger algo de sonido del acto de Ofrenda Floral a Santa María de África, una imagen me hace abandonar momentáneamente la labor y volver veinte años atrás en el tiempo. No está con el obispo Zornoza ni con el resto de sacerdotes, capellanes y diáconos que asumen la parte religiosa del acto. José María Béjar Sánchez reza sólo, tras la imagen de la Patrona de Ceuta, en las puertas de la Iglesia que durante tantos años dirigió.
Me acerco a el y me quedo mirándolo unos segundos hasta que me reconoce y nos abrazamos. Tiene el mismo aspecto que la última vez que nos vimos, hace más de una década, y constato que su mítica dureza de oído se ha transformado ya en audífono.
Nunca fue un hombre con habilidades sociales. Al contrario. Y precisamente ese carácter seco y cortante, ese enfrentamiento con buena parte de la jerarquía cofrade -y política- de la Ciudad fue su talón de Aquiles en los peores momentos de su sacerdocio en África: cuando la Iglesia patronal se le llenó de feligreses de piel morena, los mismos que protagonizaron los disturbios del Angulo en 1995.
Béjar fue insultado, repudiado y criticado por un sector de la sociedad, que no dudaba en calificarlo como el cura maldito o exhibir pancartas como "Sacad al demonio del templo de la patrona". Gente que no entendió que, de todos los que tenían algo que hacer sobre el asunto, precisamente fue el único que cumplió escrupulosamente con su cometido.A los políticos la inmigración les cogió con el pie cambiado, la sociedad ceutí no estaba preparada para esa circunstancia y el hizo lo que debía: darle de comer al hambriento y beber al sediento.
Con su hermana, Rocío, y su inseparable Afriquita, recordamos los tiempos en que los monaguillos traviesos cambiábamos vino por agua, subíamos a misa con el transistor para escuchar los partidos de Primera División o simulábamos voces de fantasma en la cripta que está bajo el altar de la Patrona. Cosas de quinceañeros.
A Béjar, que sólo se despistaba para ver torear a su paisano El Cordobés y era convencidamente de derechas, escuché calificarlo de rojo y antiespañol. A Béjar, que encima tuvo la mala suerte de ser párroco de África justo cuando la Virgen no pudo procesionar por el mal estado de la talla, le llamaron "curilla maldecido" por esto. Cuando la bomba de relojería -que había advertido previamente- que siempre forman la desesperación del que huye y la desidia de quienes gobiernan estalló en el Angulo, muchos hicieron juicios de valor y defendieron la consigna oficial. Pero al día siguiente el, el curilla maldecido, era el único que estaba repartiendo leche y mantas entre los pocos que quedaban en el actual Museo de Ceuta.
Nos despedimos. Me dice que, como cuando era el cura de África, bajará un momento a la feria y se volverá a su Córdoba natal donde sigue ejerciendo como capellán de un hospital y colaborando en dos o tres parroquias. Nos volvemos a abrazar mientras la ofrenda sigue su curso. Emplazándonos a vernos de nuevo, tal vez, el próximo cuatro de agosto. Que ironía, don José: a los pies de la Patrona. 

sábado, 2 de agosto de 2014

Esperando a Lucky Luciano

Cuando Lucky Luciano mandó hundir un crucero en el puerto de New York no sólo estaba perpetrando un cruel y gratuito  atentado terrorista. Estaba mandando un mensaje de poder a una CIA desesperada porque todos los barcos que salían con provisiones a las tropas combatientes en Europa eran hundidos sistemáticamente a una determinada altura: en el puerto de la ciudad de los rascacielos, mandaba el.
La inteligencia norteamericana interpretó el mensaje y aquellos agentes nazis que trabajaban infiltrados como estribadores fueron literalmente barridos. Luciano estaba en la cárcel, si, pero sabía que su presidio era cuestión de tiempo. El que fuera necesario para que el Gobierno Federal le pidiese el trabajo sucio que no está al alcance de un gobierno democrático.
El siguiente encargo llegó años más tarde. Con Hitler empecinado en la conquista soviética manteniendo dos frentes abiertos, la suerte de Mussolini estaba echada. El Desembarco de Sicilia era necesario. EE.UU volvió a recurrir a su enemigo íntimo. Un telefonazo a los primos y comenzaron los actos para propiciar que el sur de Italia fuera el escenario del desembarco de la Flota norteamericana.
A cambio, hubo que pagarle una factura ciertamente elevada. Que los primeros alcaldes de Sicilia fueran de la familia  -no es lo mismo que familiares: ya me entienden-, algún trabajito para los amigos del puerto de Marsella y el capricho con unos amigos de tener algún casinito y unos hotelillos en algún lugar de Nevada llamado Las Vegas. Que los primos sicilianos hoy sean conocidos como Cosa Nostra, que Marsella haya sido el gran almacén de cocaína del sur de Europa durante décadas o que Las Vegas sea lo que es hoy en día igual es casualidad.
Con el paso de los años, hemos ido conociendo estos tratos. Lo que convierte en incoherente, por ejemplo, querer entender como funciona el mundo y no haber visto la trilogía de El Padrino. La guerra no se gana y la paz no se consigue, pues, con la pericia de los generales, la destreza de los gobernantes o las mejores dotes diplomáticas. A Mussolini, pues, contribuyó a vencerlo un mafioso y a Hitler le dio el golpe de gracia un español embustero. Y si algún día se acaba la barbarie en Gaza y palestinos e israelíes -ciudadanos, no estados- alcanzan la paz que merecen, me da la impresión de que habrá que preguntarse a que extraño individuo, a que negociación clasificada en los servicios secretos, le deberá el mundo un nuevo respiro. 

sábado, 14 de junio de 2014

Simplemente, gracias

Cuando Vicente Del Bosque dio la lista de convocados para el Mundial, me callé. Sabía, como muchos aficionados, que la lista no es la que hubiéramos hecho la mayoría, pero como a todos los aficionados se me escapa "la otra selección": la del vestuario, sin cámaras ni taquígrafos, la del grupo humano. Se que el Marqués se decantó por acabar su ciclo futbolístico, para bien o mal, con los hombres con los que ha entrado en la gloria.
Por eso, respeto profundamente la lista de Del Bosque. Pese a que yo tampoco hubiese  incluido en la misma ni a Torres, Villa, Casillas, Costa o Piqué. No están, pero yo no soy el seleccionador., Y nos han dado mucho más de lo que ahora reciben.
España era una selección mediocre, acomplejada. Pero a un milagro en Austria le siguió un bendito verano en Sudáfrica, y a este una exhibición en Ucrania y Polonia. Y los españoles pasamos de no creer a ver como insuficiente ganar a Portugal en los penaltis de una semifinal y empatar con Italia en un partido inaugural. Y ya nos habíamos citado para Maracaná con Brasil. Como si fuese fácil. Como si no fuese verdad que el último equipo en ganar dos mundiales fue el de Garrincha o Pelé. Cómo si fuese mentira que esta es la única selección en ganar tres títulos de modo consecutivo. Como si creyésemos que nunca más íbamos a morder la arena.
Ayer Holanda nos dio un doloroso baño de realidad. El Guardiolismo ha muerto. Y con el un estilo, una manera de hacer las cosas que nos abrió puertas que nunca hubiésemos soñado. El futuro -inmediato- no es placentero. Por tanto, sólo cabe decir, a la espera de la sangre fresca de los Thiago, Alberto Moreno, Carvajal, Isco, Adrián o Bartra, una cosa. Simplemente, Gracias.

viernes, 13 de junio de 2014

Aquel San Antonio...

Todo lo que pudo salir mal salió peor aquella noche. Hasta la que traía los bocadillos para una hambrienta redacción no se percató de que existían unos aparatos conocidos como telefonillo, y que te permiten si le das a un botón ahorrarte media hora gritando el nombre de tu bar desde la carretera. No era la mejor fecha en  un periódico cuyo cierre había sido la última promesa electoral del candidato ganador.
Era un 13 de junio de 1999, hace 15 años. Lo mejor fue explicarle, uno por uno, a todos los medios foráneos como era posible que Ceuta hubiese votado como presidente a un tipo que solo hacía seis meses que residía en la Ciudad Autónoma, y que hasta entonces la había visitado una vez catorce años antes para comprar quesos de bola.
Así que Antonio Sampietro se convirtió un mes y una moción de censura más tarde en presidente de Ceuta. Aquello acabó tan mal como esperábamos: un gobierno desintegrándose en no se cuantas fracciones del Grupo Mixto, la imagen de la ciudad por los suelos y el fantasma del lobo que puede volver siempre presente.
A Sampietro sólo le volví a ver una vez después de su marcha de Ceuta. Fue en un bar donde presentaba sus memorias demasiado sinceras y, con la cordialidad de los viejos rivales, compartimos un café, un apretón de manos y una agradable charla. La vida me lleva años después a pasear con cierta frecuencia por el Poble Sec barcelonés donde nació y -decía.- compartió juegos con Joan Manuel Serrat.  Aunque me cuentan que en ese barrio a la falda de Montjuich todo el mundo dice haber jugado con el Nano de niño...
Fue, contra mi voluntad, presidente de Ceuta.  De lunes a viernes, puesto que verle un sábado en la Ciudad que le eligió como alcalde era rematadamente raro (Memorable su imagen en el palco del Nou Camp viendo a Raúl mandar a callar mientras se inundaba el Poblado Legionario y los vecinos la emprendían a pedradas contra el Ayuntamiento) Y pese a que no fue electo con mi voto, no dejo de reconocer que tuvo que tragar sorbos demasiado amargos y algunos, incluso, injustos. Yo, a diferencia de muchos de sus seguidores de entonces,  no me olvido de que fue presidente de mi Ciudad, a fin de cuentas, y por eso me gustaría ver su fotografía alguna vez junto a  la de otros ex  en cierto pasillo del ayuntamiento. 
                                                 
Y no, Ceuta no se volvió loca. Simplemente, se sintió abandonada por derechas, izquierdas, localistas y los de más allá, para claudicar ante la mejor campaña electoral que he visto jamás. El GIL fue el clavo ardiendo.
El populismo nace de la ineficacia, de la sensación de abandono, de la desesperación. Da igual que quien lo lidere hable con su caballo o lleve camisa de cuadros. Cuando emerge y vence, lo más procedente no es lamentarse del qué. Es preguntarse por qué. 

lunes, 2 de junio de 2014

¿La hora de los Rolling?

La abdicación del Rey se hizo pública ayer, pero posible e involuntariamente el primer paso se diera hace un año y medio. Concretamente, cuando Benedicto XVI anunció la suya propia. Si la cabeza visible de la institución más antigua del mundo era capaz de renunciar a su apostolado, si la cristiandad vivía momentos de sede vacante sin cadáver de por medio en seis siglos ¿qué impediría que un Rey pudiese hacer lo propio?. Desde entonces tres reyes europeos -los de Bélgica, Holanda y ahora España- se han "marcado un Ratzinger".
Como en el caso del Papa alemán, la abdicación llega en el peor momento. A Ratzinger le acosaban las filtraciones y los casos de pederastia; al Rey la crisis económica más corrosiva en décadas y la corrupción, empezando por su propia familia. Y ambos, en sus mensajes, hablaban de la falta de energía y la necesidad de nuevos tiempos para justificar su histórica decisión.
¿Cabe, pues, prever, un "efecto Francisco" en el reinado de Felipe VI?. Sería aventurado predecir nada, pero el sentido común más elemental apunta a que el cambio no puede ser una mera sustitución de caras. El futuro Rey Felipe VI debe saber interpretar en el presente los retos para el futuro rompiendo sin fracturar con el pasado.
Si sostengo y escribo ahora que la posibilidad de un Gobierno de concentración nacional es más palpable que nunca. Felipe VI tendrá que asumir casi cuarenta años después el papel de su padre, pero a Rajoy probablemente le quede jugar el rol de Arias Navarro. Quizá sea el momento, pues, de un gran consejo de sabios sin ambición política; de tecnócratas que asuman la complicada tarea de gobernar renunciando a cualquier aspiración futurible y con dos mandatos: cumplir con los asuntos meramente administrativos y reformar todo lo reformable. España evoluciona, si o si, a un Estado Federal y a profundas reformas en estructuras ya antiguas del Estado.
¿Quien al frente?. Alguien con prestigio en Europa y que lleve décadas peinando canas. No tengo más fuente que mi propia elucubración, pero se me ocurren tres o cuatro "viejos rockeros", auténticos Rolling Stones de lo público ociosos en este momento. Una alianza de viejos para que los cuasi cuarentones tengan el camino despejado de minas en las próximas generaciones. Atentos, pues. Vienen tiempos difíciles pero, desde luego, apasionantes.

lunes, 26 de mayo de 2014

El gato que se asusta ante el espejo

No sé si ustedes han convivido alguna vez con un gato. Si no es así, se lo recomiendo encarecidamente. Así podrán reirse, por ejemplo, cuando el animal se pone delante de un espejo, se le hincha la cola y se asusta de lo que ve hasta el punto de que puede empezar a maullar o gruñir a su propio reflejo. Sin ser consciente de que lo que está viendo es su imagen.
Algo parecido le ocurre a Europa. Se mira hoy ante el cristal y da un salto hacia atrás en medio de agudos alaridos. Sin percatarse ni asumir que lo que está viendo es el reflejo de un modelo caduco, anclado en 1968 y que no ha asumido aún que el centro del mundo en este siglo no está en el Viejo Continente, sino en el Pacífico. Inocencio Arias daba por buena hace algunos años en una entrevista en Ceuta en la Onda la teoría de que el tradicional teléfono rojo tendría dos extensiones más, Brasilia y Pekín, en el siglo XXI. Ninguna, como ven, en Europa, la antigua evocadora y hoy desilachada Europa.
Que Francia, campeona de los derechos cívicos en el último medio siglo, se entregue a los herederos del nazismo es preocupante. Pero quita el sueño saber que el Frente Nacional ha arrasado con el voto obrero y de la emigración como parte fundamental. Qué el Reino Unido, líder de una heróica resistencia contra los fanatismos registre un apoyo del 22% a partidos de extrema derecha, descoloca. Y en Grecia, cuna de la civilización, Samaras se diluye entre comunistas y neonazis. Sólo resiste con dignidad Angela Merkel. El resto de los gobiernos europeos muerden la lona o celebran seguir de pie. Se habla con normalidad de triunfos de la extrema derecha y casi es noticia que los europeístas hayan ganado unas Europeas en Holanda. 
Y España. En un país tan condicionado por los dictados de Bruselas, el 55% decide que tiene cualquier cosa mejor que hacer que ir a votar. Lo que nos deja una peligrosa fractura entre política y ciudadanos que ni siquiera el auge de nuevas formaciones puede disimular.
Y el 45% de los ciudadanos que si hemos ido a ejercer nuestro derecho al voto, dibujamos un panorama ciertamente ingobernable. El PP gana, si, pero por incomparecencia de un rival qué parece entregarse a ir de derrota en derrota hasta la victoria final. El PSOE no tiene un problema de vendedor. Lo tiene de producto. No les bastará sólo con "susanar" errores. La autocrítica puede ser dolorosa, pero es la única opción que les queda a los socialistas si no quieren enfilar el camino de la UCD de modo irreversible. 
Las Elecciones Europeas nos dejan un preocupante mapa en Cataluña. Es cierto que el 44% vota por formaciones proclives a la independencia. Quizá, por la tradicional ambigüedad del cuerpo electoral de CiU, habría que reducir el porcentaje. Bien es cierto que, pese al ascenso de los electores, el 54% de los catalanes se queda en casa, y que ni sumando los votos de republicanos y coaligados se puede hablar de una amplia mayoría. Pero queda claro que dar por bueno esto y ponernos a silbar sería como dar aspirinas contra la metástasis. Algo se debe hacer en Cataluña, más cuando PP y PSC firman resultados ridículos que son deprimentes si vemos la proyección a generales. La teoría del  incendio por exceso de combustión que parece haber acuñado Rajoy se revela errónea. Llega el momento de los sibilinos: o la tercera vía o confiar en que la gestión desmonte la ideología en el caso de un eventual gobierno de Junqueras, toda vez que Mas aparece amortizado, sin estar muy convencido de ir donde dice querer y sabiendo que no puede dar marcha atrás.
Las elecciones europeas nos dejan además a partidos que crecen por debajo de sus expectativas, como UPyD o IU, que tendrán que coaligarse o asumir el frenazo con Ciudadanos o Podemos, respectivamente. Y de Pablo Iglesias, decir que habrá que darle el beneficio de la duda. Es joven y rezuma carisma, más ese aire de bolchevismo y sus contínuos guiños al mundo abertzale recomiendan prudencia. Pero eso sí: ha enterrado la campaña clásica y demostrado que, sabiendo manejar las redes sociales y posicionarse en los medios, se llega más lejos que repartiendo sobrecitos en el mercado o buscando el puerta a puerta. para atiborrar al personal de  mecheros y globitos. Pese a que la Ley D'Hont y la -nada descartable- posibilidad de que Municipales, Autonómicas y Generales coincidan el próximo año reforzarán al bipartidismo en esos comicios. 
Como a la mítica Casandra, al escribano le queda el consuelo de decir "lo advertimos". El buenismo, y hoy Europa me da la razón, es el principio del fascismo.