lunes, 27 de mayo de 2013

La hora de la normalidad

José Mourinho se va llevándose razón en algunas cosas y dejando mil demonios. La presencia del técnico de Setúbal en el banquillo de Concha Espina ha sido positiva si medimos que en las dos primeras hubo título, que el Madrid ha vuelto a competir hasta el final y que el trauma que suponía jugar contra el Barça ha pasado a mejor vida. Lo peor es la relación calidad/precio: una Liga, una Copa y una Supercopa son poco rédito para tanto gasto en fichajes, para haber dinamitado un vestuario. De la imagen del club no hablo. El señorío, el convertir en religión las historias que cuentan los abueletes a pie de obra, es cuestión del palco. No de un tipo al que se le contrata para que gane y recorte diferencias con el Barça.
Ahora parece que llegarán Jupp Heynckes o Carlo Ancelotti. El italiano parece estar en línea de salida; es amigo del presidente blanco y tiene cierta experiencia domando "starlettes". Otra cosa es que, como me temo también ha ocurrido en el caso del portugués, estas estrellas no tengan el menor reparo en tirar de teléfono para desestabilizar el vestuario desde la zona de moquetas. Lo del alemán es una maniobra desesperada: volverle a traer, cuando aún recordamos el enorme vacío que el club hizo a su entrenador esperando a Camacho y el desprecio con el que le pagaron traer la Copa de Europa al Bernabéu 32 años después. Dificilmente, el técnico alemán querrá regresar, sabiendo que con el gol de Robben ponía el mejor epílogo posible a una carrera tan respetable como dilatada.
Llega, pues, la hora de la normalidad. El Madrid debe desprenderse, si o si, de eternas promesas que no acaban de explotar-lease Benzema-, de viejas glorias en busca del mejor retiro y deshacer camarillas. Y dar sangre fresca, de abajo, a un equipo que tiene una urgencia histórica mayor que La Décima: conquistarla con gente del club.
Se me antoja que ante este panorama, llega la hora de "volverse loco". De firmar a tipos jóvenes, o que propongan algo diferente a los modismos. De gente que no genere una catársis y construir desde lo que deja Mou. Cualquiera le mete esto en la cabeza  al "mourinhismo", pero me da que el Madrid tiene más opciones que el alto pedigrí. Con un poco de paciencia, puede ser la hora de leyendas blancas como Zidane, Laudrup o Hugo Sánchez, o de fajadores como Unai Emery, Quique Sánchez Flores o Joaquín Caparrós. Continuísmo en el estilo -o lo que quiera que tenga el Madrid-, y capaces de trabajar con la cantera. ¿Qué no han ganado nada?. Ya lo dijo Tácito: es poco atractivo lo seguro. En el riesgo, está la esperanza.

jueves, 2 de mayo de 2013

Barça: El atril y el conejo

"Nada hay que guste más a la gente de los héroes  que verlos caer". La frase, más o menos en esa literalidad, es de Willem Defoe en Spiderman. Pero representa a la perfección la injusticia con la que en las últimas horas s eestá tratando al Barça de Villanova, y en particular a este último, por la humillante y dolorosa derrota ante el Bayern de Münich en semifinales de la Champions.
De entrada, decir que ya en la ida tuve la sensación de que el conjunto muniqués es imparable, salvo a partido único. Le metió cuatro al Barça, pero en un correcalle de ida y vuelta no creo que le hubiera ido mejor a otro equipo que no fuera el equipo culé. Un conjunto temeroso, desdibujado, agarrotado. Sin fuerzas. Sin ánimos ni imaginación para reinventarse; una y otra vez maravillando con lo mismo hasta que, como el payaso olvidado, el truco ha dejado de tener gracia o todo el mundo ha descubierto que el conejo salía de un doble fondo tras el atril.
Ante esto, a Tito Vilanova se le pueden hacer reproches: una errónea preparación física que le ha servido para atesorar una impresionante renta en la primera vuelta, pero para llegar sin fuerzas y con la lengua fuera al tramo decisivo de la temporada. Y el mérito de la primera vuelta blaugrana es, no lo olvidemos, en comandita con el Real Madrid: cuatro derrotas en cuatro viajes a Andalucía en un club con un vestuario ardiendo por un quítame allá esos egos.
Pero visto con perspectiva, el barcelonismo podrá vender que fue eliminado por Bayern y Real en Champions y Copa, pero en semifinales y que el aplazamiento de La Décima hace menos doloroso el golpe. Que, a fin de cuentas, resultó campeón pese al escaso fondo de armario. Y todo ello en medio de la tormentosa situación personal de Vilanova; al igual que Johan Cruyff en su primera Liga, ausente buena parte de la temporada debido a una enfermedad afortunadamente superada o en trámites de.
Yo tampoco hubiera sacado a Messi contra el Bayern: arriesgarse a una rotura total del jugador para unos cuantos meses por intentar remontar un ¡4-0! al equipo alemán hubiera sido arrojarse a los pies de los caballos. Que a nadie le quepa duda de que si la gesta hubiera sido de menor calado o el Barça se va con 2-0 al descanso, Messi hubiera jugado. Y tanto.
La injusticia en el caso de Vilanova, como ocurrió con Cruyff o el Madrid de los galácticos, es que el público culé está demasiado bien acostumbrado. En los últimos veinte años, han pasado al final de Les Corts de ser un equipo que salvaba temporadas ganando el clásico en el Nou Camp o una Copa de vez en cuando a coleccionar Copas de Europa. Tiene a un vestuario con tipos que lo han ganado absolutamente todo; ya somos felices ¿ahora que hacemos?, dice el poema. Y me da la impresión de que nunca confiaron excesivamente en el; que quisieron prolongar el guardiolismo sin Guardiola.
Y dejo, para el final, una perversa reflexión. Cuando Juan Pablo II murió, el Cónclave eligió a Joseph Ratzinger, decano del Colegio Cardenalicio, como su sucesor.Muchos vieron (vimos) en el cardenal alemán a un mero continuista de la gestión de su antecesor en la Silla de Pedro. Pero Benedicto XVI demostró tener inquietudes e ideas propias, incluso distintas a las de su venerado antecesor. Posiblemente ello le enfrentó a la Curia. El final del pastor alemán lo conocemos todos. Vilanova, cual Papa emérito, también tiene su estilo de hacer las cosas. Y, como a Ratzinger, su falta del carisma ante la imagen de su predecesor le ha enfrentado a parte de la parroquia. ¿Habrá un momento Benedicto de Tito?. El tiempo lo dirá.
Fdo: Un bético con un marcado ramalazo merengue

sábado, 6 de abril de 2013

El loco que se colgaba del aro

Conozco a Reduan Fadel desde antes que nacieran muchos de los que hoy son sus jugadores. Me tocó sufrirlo a mediados de los noventa como defensor: daba igual si jugaban al contragolpe atacaban en estático, si los marcabas en zona o individualmente. Sabías que enfrentarte al C.B. Ceuta, era una aventura de incierto final porque Reduan siempre iba a hacer alguna de las suyas. E interiorizabas que aquel sujeto, además de que siempre iba a llegar un segundo antes que tu a cualquier balón, se iba a colgar  del aro en tu cara esbozando media sonrisa. En aquella liga, ganamos con el Lope de Vega, pero el "loco" que saltaba desde donde menos te lo esperabas nos hizo pasar las de Caín en semifinales.  Antes de que alguien piense que me las estoy dando de vieja gloria, que quede clara una cosa: afortunadamente para el Lope, yo era suplente.
La familia que entonces era el baloncesto ceutí se exterminó. Hubo alguna meritoria experiencia de la U.A. Ceutí en Liga Andaluza, pero entre el aburrimiento de algunos y ese Talón de Aquiles que siempre ha sido para el deporte ceutí la Universidad -o falta de la misma- desapareció la Liga Senior, toda representación en categoría nacional y aquello se quedó para pachangas de amigos en los llanos de la Marina y mucho trabajo en la base. Pero el loco que se colgaba del aro ni tiró la toalla ni se iba a quedar de brazos cruzados.
Nació entonces el C.B. Juventud. Un club que apenas alcanza los cinco años de vida, pero que lleva tres de ellos representando a Ceuta en la Delegación Gaditana de baloncesto. Con resultados que hablan por si solos: tres play off por el título, con dos campeonatos y un segundo puesto. Y con la llama del baloncesto otra vez encendida, gracias al trabajo silente y paciente de Fadel y los suyos. Y de sentido común: cuando el San Agustín decidió que su equipo cadete desapareciera, se dejaron  de un lado los personalismos y Juanma Delgado, tras toda una vida al principio de Antíoco, no tuvo ningún problema en llevar jugadores y aficionados al Juventud.
La mezcla, evidentemente, era buena. Y hoy se ha vuelto a demostrar: un nuevo título, con un pabellón prácticamente lleno y un buen ambiente de camaradería y deportividad. Y tres equipos venidos de fuera, tres aficiones, animosas y entregadas. Tres aficiones que debían sumar, más o menos, 200 personas. Lástima que las semifinales y final se hayan disputado en un sólo día, porque hemos dejado escapar a 200 personas durmiendo, comiendo, cenando, desayunando, comprando, etc. Vamos, lo que se llama turismo.
La historia ha tenido final feliz: un precioso partido ante un dignísimo rival acaba con el Juventud como campeón. No importa que la casualidad haya querido tristemente que la agenda de todos y cada uno de los 25 diputados de la Asamblea estuviera hoy tan llena como el Pabellón y que hubiera apenas una tímida representación de la Federación. Da igual que, según me cuenta mi enano infiltrado, los padres de los jugadores hayan tenido que hacer un esfuerzo económico para que la final se disputase en Ceuta. Nada importa que hace un par de años, cuando se cometió la injusticia de dejarlos sin ascender a la máxima categoría juvenil "porque no eran andaluces" se quedaran más solos que Robinson Crusoe. Tengo la sensación de que gracias a gente como Fadel o Delgado, pero también de Osman, Javier Martí, José María Alba, Jorge Sánchez y tantos otros que seguro me dejo en el tintero, esto no ha hecho más que empezar. Aunque los vean como un deporte insignificante y minoritario en nuestra ciudad y en conclusión de cuatro locos, no hay problema. El principal de ellos, como todos los que le acompañan, sabe lo que se trae entre manos y lleva toda la vida colgándose del aro. Y, siempre, con media sonrisa.

miércoles, 20 de marzo de 2013

No conozco Ceuta

La radio, ese invento que consiste en perpetuar el trabajo de aquellos druidas que contaban historias alrededor de la hoguera o de los pregoneros romanos que informaban de las andanzas del general Marco Antonio, ofrece a quien la tiene como oficio y pasión interesantes oportunidades. De conocer a gente a la que pedirías un autógrafo, a la que le cuesta trabajo andar por la calle sin despertar miradas de admiración o evitar hacerse fotos con quinceañeras. Sea el entrenador de moda, el cantante de éxito o el actor guaperas, y sin ser servidor más que un humilde trabajador, si es cierto que muchas veces se es consciente de que muchas personas quisieran usar el micrófono verde que me acompaña cada mañana para dar rienda suelta al fan que todos llevamos dentro.
Cuando hace algunos años se puso en marcha Ceuta con... -cada viernes a las 12.30-, se hizo con la intención de convertir la primera parte del programa del último día de la semana en una especie de alfombra roja, de galería del famoseo. Ojo: nunca del famoseo petardo, sino de gente que fuese conocida por una actividad y por un mérito mayor que el haberse acostado con la prima hermana de la vecina del quinto de algún concursante del reality que lidera la audiencia.
Algunos nombres tienen, en efecto, lustre propio y apenas necesitan presentación. La radio me ha dado la oportunidad de hablar de política con Mariano Rajoy o José Bono; música con Juan Perro, Pasión Vega o Ismael Serrano, religión con Carlos Amigo Vallejo,  fútbol con Javier Clemente o Andoni Zubizarreta o de literatura con Alberto Vázquez-Figueroa o María Dueñas. Entre otros.
Con todos disfruté, y alguno me contó anécdotas sabrosas. Pero hubo uno que me dejó profundamente marcado, por algo que todos predicamos pero sólo está reservado, cual condición innata, a los más grandes. La humildad. La modestia. La serenidad que da nacer en lugares pequeños,a lo que apeló Reagan en su histórica conversación con Gorbachov para iniciar el fin de la guerra fría.
Posiblemente, nunca firmará autógrafos y podrá comprar el pan cada mañana sin tener una nube de fotógrafos detrás. Seguramente, millones de personas no sabrán su nombre, pero tal vez muchas de esas personas estén enfermas de leucemia. Y, aunque no lo conozcan y tengan que preguntar o irse a Google cuando oigan hablar de el, su trabajo constituye una esperanza.
Me tocó, ciertamente, las narices cuando confesaba en antena estar emocionado porque un periodista de Ceuta le llamara para una entrevista, en la que se disculpó dos o tres veces por no conocer la ciudad. "Tiempo habrá para eso, profesor", le dije una y otra vez. Y me planteaba, mentalmente, que tipo de país estábamos construyendo para que alguien como el se ilusionase porque un insignificante locutor le llamase, cuando la lógica indica que debería ser justo al revés.
Hoy he vuelto a saber de él. Un trabajo que ha coordinado con su equipo -siempre en su boca- permite relacionar el cáncer con fallos en la protección de los cromosomas. Hace un par de años charlábamos sobre la secuenciación del genoma de la leucemia, algo así como descubrir los números de la caja fuerte de esa enfermedad. Estoy seguro que no será portada en los informativos, pero a alguien que le extraña que le llame una radio no le importa lo más mínimo. Si les interesa de quien hablo, sepan que se llama Carlos López-Otín. Y aunque no lo crean, se sentía avergonzado por no conocer la ciudad desde la que le llamaban. Definitivamente, a estos científicos no hay quien los entienda...

jueves, 21 de febrero de 2013

San Siro, otra vez...

Siempre me impresionó San Siro. Sobre todo desde aquella noche abrileña de 1989, en la que un Real Madrid hambriento de triunfos europeos y al que el campeonanto doméstico se le había quedado pequeño, recibió una de las mayores humillaciones de su historia. Los tres holandeses mágicos, más Donadoni e Ancelotti, dejaron a la altura de la caricatura al equipo que, un año antes, se había quedado por pura mala suerte a las puertas de su séptima Copa de Europa. Aquel año nació un mito, una leyenda: el Milán de Sacchi, hasta un par de años antes zapatero de profesión que parecía hubiese guardado en una caja de manoletinas el secreto, la esencia, el bálsamo de Fierabrás.

Van Basten supera a Chendo en el 5-0
A aquel equipo lle cayeron tres entorchados continentales, siendo capaz en pleno camino de regenerarse de duros golpes como las idas  y venidas entre Milán y Génova de Ruud Gullit, el maldito tobillo derecho de Van Basten o la digna batalla que le planteaban la Juventus de Baggio, el Nápoles de Maradona o el Parma de Brolin en casa y el Barcelona de Cruyff o el Estrella Roja de Belgrado en el Viejo Continente. Y hubo un momento en el que los dos equipos más punteros de Europa, italianos y catalanes, coincidieron para deseo de muchos en una final. Y en ese momento, como si de una maldición se tratase, acabó el ciclo de los dos. El "Dream Team" blaugrana feneció entre goles de Savicevic y Desailly, el excesivo ego de su entrenador y los cantos de sirena a Laudrup, que meses después comandó una manita blanca en el Bernabéu mortal de necesidad para el "cruyffismo". Los milanistas fueron vencidos un año después por el Ajax merced al gol de un imberbe Patrick Kluivert y ahí comenzó su declive hasta mediados de la pasada década.

Zubizarreta, tras el 4-0 de Atenas
Los dioses viven ocasos. La vida es cuestión de relevos, de alternativas, de ciclos que se acaban para volver a regenerarse y empezar. Pasa con la política, pasa con el fútbol. Quizá el Barcelona pase esta eliminatoria y gane la Champions; el mejor equipo del siglo XXI es capaz de eso y más. Seguramente gane la Liga y muy probablemente la Copa si supera la mina antipersona que siempre supone el Madrid de Mourinho.
Pero la sensación que anoche me dejó el Barcelona, como el Madrid hace veinticuatro años, es que resulta mortal, humano, terrenal. Aquel Madrid acabó ganando Liga y Copa, y su vestuario aún aguantó cohesionado una campaña más para ganar la Liga. Pero nada volvió a ser igual desde aquella noche milanesa. ¿Sucederá lo mismo al Barça?. Como persona poco o nada afecta a la causa blaugrana, lo deseo. Como aficionado al fútbol, espero que no: pese a mi importante ramalazo blanco, nunca dejaré de admirarme de esta máquina que ensambló Rikjaard, perfeccionó Guardiola y ahora conduce con acierto el tándem Tito/Roura. De la arquitectura perfecta de Xavi Hernández, del reto permanente a la velocidad de Messi o del trabajo sucio hecho, como pocas veces desde el Seedorf blanco, por Sergio Busquets.
Por cierto: para los que me pregunten por qué insisto en que el mejor jugador del mundo es de Fuentealbilla y no de Rosario, un detalle. Revisen el partido de anoche, fíjense a quien marcaban los italianos con más insistencia y cuantas veces apareció el cuatro veces balón de oro...

miércoles, 13 de febrero de 2013

He escuchado que el amarillo...

La noche del pasado sábado fue una noche de intensas emociones y coplas. Emociones con el homenaje a gente como Manuel Pardeza "Mané", Juan Sierra o Rafael García "Cardíaco", que lo han sido todo en el carnaval. Sin desdeñar a personas como Juan Sánchez Bagglieto, Alberto Mateos o Pepe Pozo. Emocíones que, en el caso de Javier Chellaram y muchos de los presentes, se tornaron en lágrimas escuchando las coplas de Imagineros 25 años después en el Revellín, mientras me cantaba  el hermoso homenaje que entonces, y al son de La Balada de la Trompeta, tributaba la comparsa de Chiqui al desaparecido Miguel Bao. Emotivo fue también el recuerdo de un hombre bueno, como Maimón Abdelkrim, que allá donde ande -seguro que con el uniforme mal puesto y abroncando a algún paciente quejoso- se llevó el mayor de los aplausos de la noche. Por no hablar de la guasa de Dudú y su burro y de un ejemplo de coherencia y dignidad llamado José Borja González "Niño del Sardinero", que paladea en vida las mieles de ser profeta en su tierra.
Eran todas las que estaban, pero no estaban todas las que eran. Sigo defendiendo la necesidad de semifinales y final, aunque ello suponga el trago amargo -que podría haber recaído en cualquiera- de que alguna agrupación se quede sin cantar. El carnaval, como la vida, es una noria que da vueltas sobre si misma y seguro que el próximo año nos alegraremos por los que estén y echaremos de menos a los que no pasen el corte del Jurado.
                                          Pregón de Imagineros (Foto: Quino/El Faro) 
La presentación de Manolo Casal y Modesto Barragán fue un auténtico espectáculo: independientemente de la gran valía profesional de ambos, se nota cuando alguien está a gusto en un sitio. Como lo hicieron el Sheriff, hiperactivo como siempre sobre el escenario, y su gente. Será que uno va para viejo y a la Tacita de Plata la quiere, y no sólo en carnaval, pero también muchas de esas coplas pegaron el pellizco.
Qué si el Vaporcito del Puerto, que si "Yo admiro el doble sentido" -letra para enmarcar-, que si el estribillo de "Tres notas musicales". Y, como no, el inmortal himno del Cádiz compuesto por Manolo Santander para "Los hermanos Peperoni" en 1998.
El himno habla de una afición que sabe que nunca celebrará títulos ni apenas nada que no sea ver a su Cádiz otra semana más en el Carranza. El himno es de un equipo que forma parte de mi imaginario en aquellos años en los que te aficionas al fútbol de manera que esas alineaciones te quedan más recientes que las del pasado domingo. Szendrey, Carmelo, Cortijo, Barla, "Chico" Linares -impagable la guasa de  esa pancarta de "No te vayas al Milán" dirigida a el-, los Mejías, José González, Manolo Villa y el mejor jugador que ha pasado por España: Mágico González. Me retrotrae a aquellos finales 80 en que deje de ser niño, España se sentó delante del televisor para ver la boda de Cristal , acojonarse con la invasión de Kuwait y  oir hablar por primera vez de algo que se llamaba corrupción.
Pero inmediatamente, me vino a la memoria otro pasodoble. Que tomaba como referencia el himno -no oficial- del Cádiz. Y que habla de otra afición menos acostumbrada a celebrar nada. Y cada vez más minoritaria. Y por ello irreductible.

Mi equipo, mi verdadero equipo, nunca jugó en Primera. Mi equipo, el de verdad, apenas nos ha dado alegrías. Entre todos lo mataron y el solito se murió. Pero yo he visto a Sandro Marqués, Silas o  Gilson Silva, y a Pedro Iarley antes que La Bombonera. Aún recuerdo el penalti fallado por Pedro Ríos frente al Mallorca, el aplauso del Murube al gran Carles Puyol y la carta heráldica de Pérez Riverol, autor de la mayor infamia -y he visto unas cuantas- perpetrada por un árbitro. Y cuantas veces no me habré preguntado como habría cambiado la historia si Javi Navarro dispara un segundo antes o Rafa Ponzo se tira un segundo después una triste tarde en Girona.
Mi equipo, el Ceuta, se diluyó entre deudas, intrigas, cainismo y errores de cálculo. Y tuve que pasar, hace doce meses, el mal trago de ser el primero en hablar de impagos, deudas y de una situación inhumana: gente que trabajaba en el bar del cuñado o en la urbanización del padre como jardinero para poder sobrevivir esperando un sueldo que tardaba en llegar.
Mi equipo, el que representa a Ceuta, es ahora el Atlético, como la Asociación heredó el hueco de esa Agrupación de Almagro, Cerezo, Manolo Pérez Santana o Jorge Antelo. A mi equipo, el de Chicha, Mezquini, Crespo o Paco Anta se le han caído, incomprensiblemente, las rayas rojas de la equipación y sufre los desaires de una guerra absurda de la que solo saldrá perjudicado el fútbol. Porque otros dirigentes llegarán a todos los estamentos, pero el balón seguirá rodando.  Pero mientras sea el de Ceuta, será mi equipo. Y con todo mi cariño a Cádiz y al Cádiz, que se queden allí con Manolo Santander y su magnífico pasodoble. El mío, el que escribió Josemi Romero, termina pidiendo "y en Ceuta también se grite: vivan los Caballas, vivan sus cojones". Pues eso....

lunes, 11 de febrero de 2013

El barrendero de Dios

Demetrio Madrid se disponía a dar una rueda de prensa en el Parador "La Muralla" sobre su participación en la semana de actos culturales de la Casa de Castilla-León en Ceuta cuando, a golpe de sms, los periodistas dejamos al ex presidente socialista de la Junta plantado delante de los micrófonos. Recuerdo que me dió tiempo a ver la cara de poker del antecesor de Constantino Nalda en el gobierno regional mientras recorrimos, casi a paso legionario, los escasos metros que nos separaban de la cafetería. Ahí nos apiñamos para ver algo novedoso para los hijos de la transición: la fumata blanca en la Plaza de San Pedro. Era un 19 de abril de 2005, y el protodiácono Medina Estévez anunciaba al mundo que el sucesor del carismático Juan Pablo II era su mano derecha. Joseph Ratzinger, Benedicto XVI.
Hoy, en la crónica de su renuncia, me ha venido a la memoria una frase del entonces vicario general de Ceuta, Francisco Correro, que nos advertía a un par de informadores que "tuviésemos cuidado con los papados de transición", en referencia a la avanzada edad del nuevo sucesor de Pedro. "Suelen dar -nos decía- más sorpresas de lo esperado".
De transición fue considerado el papado de Juan XXIII,  que sin embargo fue capaz de convocar un Concilio para meter a la Iglesia en el Siglo XX. Y ahora, la realidad da la razón a "Curro" Correro.
Imagen de "Reuters" publicada por elmundo.es

La imagen pública de Ratzinger ha sido apenas una sombra de su carismático antecesor. Sin embargo, el papa alemán será recordado como un sólido intelectual, como un hombre que fue capaz de preferir el retiro discreto a la agonía televisada. El aún Papa se ha tenido que enfrentar a varias ciclogénesis perfectas durante su Pontificado. La mayor crisis financiera que se recuerda desde la II Guerra Mundial, la revelación de varios secretos por parte de su mayordomo y, sobre todo, el estallido de los casos de pederastia y la vomitiva sensación del silencio durante años y años que le llevaron a pedir perdón y a iniciar -nunca sabremos si por convicción o desbordado por las circunstancias- una "limpia" interna que le llevó a disolver en la práctica a los poderosos Legionarios de Cristo. Añádanle que la Europa cristiana camina hacia el laicismo y la secularización mientras otras tendencias religiosas van ganando peso; es el mismo reto al que se enfrenta la Iglesia Católica con los evangelistas en América Latina, donde todavía brillan rescoldos de la Teología de la Liberación y el crecimiento del islamismo radical en Africa y  piensen que esto ha estado en manos de un señor octogenario y con problemas renales antes de calzarse las Sandalias del Pescador. Su papado de transición incluye también encontronazos con el Islam, una incómoda foto con el uniforme de las Juventudes Hitlerianas y haber abierto si no ventanas al menos rendijas sobre las finanzas vaticanas y relajar el mensaje oficial en torno a cuestiones como la homosexualidad, el preservativo o el SIDA.  Por no hablar de una encíclica de hace un par de años sobre la crisis económica muy merecedora de leerse con detenimiento. Desde luego, demostraba más apego a la realidad que muchos elegidos por legiones de parados.
Sólo Ratzinger sabrá cuales son los verdaderos motivos que le han llevado a renunciar. Pero como decía el entrañable ex vicario ceutí, los papados de transición suelen dejar más sorpresas y motivos para la Historia de lo que se presupone. Benedicto XVI no fue nunca simpático ni carismático, pero nadie podrá negarle nunca haber dado el paso más dificil en muchos caminos: el primero. Y al final dimitió, dejando una lección a quien quiera interpretarla: si no se está en condiciones de ejercer un cargo tan importante como el suyo -teóricamente, habla en nombre de Dios a 1.200 millones de personas- lo mejor es echarse a un lado. Que  cada cual recoja el guante a su manera.
El barrendero de Dios deja la Sede Vacante, esperando andar el final de su camino vital entre las sombras de la plegaria. Desde la inexistencia mediática. Posiblemente,  en los próximos días veremos, si no lo hemos hecho ya, su última imagen en vida. A su sucesor, necesariamente joven, le corresponderá continuar los tímidos pasos emprendidos por el. La Iglesia necesita, más que nunca, un golpe de efecto y el mundo buenas dosis de liderazgo. Apuesten, pues, por Filipinas o América latina como origen del nuevo sucesor de Pedro. El barrendero de Dios ya ha limpiado parte de la suciedad. A su sucesor queda ahora terminar la tarea y sacarle brillo para que hasta los que nos fuimos por la hedionda peste a mercaderes nos planteemos volver algún día al templo.