miércoles, 19 de diciembre de 2012

Tito Vilanova y la maldita enfermedad

A veces, una de las peores cosas frente a las que puede luchar un enfermo, es contra el estigma de su propio mal. Aunque sea por causas naturales o biológicas: todos, más tarde o más temprano, seremos otra hoja más arrastrada por el viento. Pero hay enfermedades que suscitan el morbo, el marujeo, el libertinaje para mentes generalmente poco ocupadas y con grandes dosis de aburrimiento. Nada hay que guste más al ser humano que ver caer a su semejante. Algo tan consustancial a la vida como la muerte, la enfermedad o la derrota da alas al mediocre: "ahí va fulanito, con mejor trabajo y sueldo que yo, con una mujer más guapa que la mía y unos niños encantadores. Pero yo tengo salud, gracias a Dios". Doy fe de que he oído esa frase aterradora en más de una ocasión.
Antes, la gente no enfermaba ni moría de cáncer. Tenía "una cosa mala" o una "maldita enfermedad". Aunque sus síntomas fueran conocidos por todos; la familia y el enfermo, celosos de que la intimidad del paciente es fragil como un vaso de plástico, trataban siempre de ocultar lo evidente. No sólo por el morbo; es descorazonador, como trabajador, conocer historias de personas que han visto cerradas las puertas de un empleo porque no era rentable tener a un empleado de salud delicada.
Esto pasa en el mundo de los anónimos. Pero hubo un tiempo en que los famosos, los rostros perfectos e invencibles que nos acompañan a través de la televisión, empezaron a dar el paso adelante. A decir la verdad sin tapujos. A derribar, a golpe de comparacencia de prensa, murallas de aislamiento en torno a enfermos de cáncer, SIDA, bipolaridad o alzheimer. Fueron personas reputadas en sus trabajos; los que nos firmaban el autógrafo también enfermaban como el vecino de la despampanante mujer y los críos encantadores.
Un paso de proporciones impagables, en la lucha contra el alzheimer, de hombres como Ronald Reagan, Adolfo Suárez o Pasqual Maragall. De las historias que el último viernes de cada  mes nos cuenta nuestra "Gente corriente" en Ceuta en la Onda -por si les interesa, esta semana a las 13.10- sobre bipolares, obsesivos y esquizofrénicos. Es decir, sobre Ford Coppola, Isaac Newton o Albert Einstein. ¿Estos también son locos?, cabría preguntarse. De la valentía de Freddy Mercury, Rock Hudson o Earvin "Magic" Johnson: el SIDA dejó de ser una cosa de putas, maricones y drogatas de esquina cuando la gente del papel rosa enfermó de lo mismo.
Y el cáncer. La maldita enfermedad: Luciano Pavarotti, Rocío Jurado, Miki Roqué, Carmen Cerdeira; María San Gil, Utxue Barcos o Esperanza Aguirre. Josep Carreras o Eric Abidal. Y ahora, Francesc "Tito" Vilanova. El hombre tranquilo. El continuador sosegado -quien sabe si realmente arquitecto- de la obra más perfecta que ha conocido el fútbol mundial desde aquel Milan de  Arrigo Sacchi.
Tito ha recaído. Y no lo ha ocultado, pese a sus -lógicos- miedos en torno a sus hijos; a como lo llevarán y asumirán; como serán respetados. Tito, alguien a quien no conozco personalmente pero que parece un tipo centrado y normal, pasará mañana por el quiríofano. Y yo, "merengón" que nunca se sintió tan culé como hoy,  espero que sea para bien. Porque por edad lo merece. Y porque su ejemplo, de triunfador sobre el cáncer y campeón de la vida, puede arrancar aplausos en todas las plantas de oncología del mundo.Y nunca viene mal a tantos enfermos abatidos un espejo en el que mirarse.
Anims y Força, Tito.

martes, 4 de diciembre de 2012

Aquel Madrid, este Barça...

Tito Vilanova ha conseguido, hasta el momento, lo que parecía complicado hace unos meses: que su Barça siga funcionando con precisión de reloj suizo sin echar de menos a Guardiola. Y del mismo modo, la relación entre el Barça y el Madrid parece -afortunadamente- más tranquila y sosegada que hace unos meses. Cierto es que tampoco hay réplica desde Concha Espina, puesto que Mourinho tiene bastante con enfrentarse con el mundo como para distraerse con el eterno rival.
De hecho, el equipo del marqués ha firmado el mejor arranque de la historia de la Liga sobre quince jornadas. Superando, curiosamente, al Madrid de Antic. Sólo la tendencia suicida de muchos directivos impidió que aquel equipo blanco, que no brillaba pero cumplía con creces, acabase levantando algún trofeo esa temporada. Era el año 91/92.  Con bastantes coincidencias como estas:
1) El Barça supera en once puntos al Real Madrid, que suma tres derrotas. A las quince jornadas de la campaña 91/92, los blancos sumaban 27 puntos por los 20 del Barça. Ocurre que entonces los triunfos se premiaban con dos puntos. Por tanto, la diferencia sería la misma que hoy entre Barça y Madrid: 11 puntos. A aquella jornada el Madrid llegaba invicto y el Barça con tres derrotas.
2) En aquella ocasión, el Madrid sólo había cedido dos puntos, ambos en el Bernabéu -sendos empates ante Fútbol Club Barcelona y Real Oviedo-, al igual que el conjunto de Tito. Sólo un empate, precisamente en casa y ante el equipo rival.
3) El Atlético de Madrid emergía como alternativa en aquella campaña. A la jornada decimoquinta, también llegaban los colchoneros como segundos, y también habiendo perdido en campo del tercero. Entonces, el Barça, hoy el Real Madrid. Por cierto, que un rojiblanco -Manolo Sánchez- acabó aquel año como Pichichi. Parece complicado que Radamel Falcao desbanque al final a Leo Messi, pero...
4) El equipo que defendía el título había ganado en verano la Supercopa de España. El Barça de Cruyff se había impuesto al Atlético, y este año el Madrid alzaba el torneo en el Bernabéu ante los culés.
5) José Mourinho afronta su tercera temporada en el Madrid con tres títulos -Copa, Liga y Supercopa- en su haber. Johan Cruyff también había ganado primero la Copa (89/90, 2-0 al Madrid en Mestalla) y luego la Liga.
6) Vilanova sustituye a un mito culé, como jugador y entrenador. Algo parecido le ocurrió a Radomir Antic, que a mediados de la campaña anterior sustituyó en el Bernabéu a un destituido Alfredo Di Stéfano
7) El Deportivo de la Coruña estaba, como ahora,  recien ascendido. El Barça se cruzó en primera ronda de la Champions  con un equipo alemán -el Hansa Rostock- y el Real Madrid, en esta ocasión, se ha visto con el Borussia de Dortmund.
8) El pichichi de la temporada anterior había jugado en el subcampeón. Butragueño en el Real Madrid y "La pulga". en el actual Barça
9) Un equipo se incorporaba, meses antes, al listado de Campeones de Europa tras eliminar al Bayern de Munich. El Estrella Roja de Belgrado alzaba al cielo de Bari su primera Champions meses antes eliminando a los bávaros en semifinales; el Chelsea se proclamó campeón en Münich, precisamente, ante los muniqueses. Ambos ganaron la final en los penaltis; los balcánicos lo hicieron ante el Olimpique de Marsella. Hablando de la Champions: entonces, como ahora, Londres era la sede de la final.
Aquella liga terminó con el Madrid haciendo uno de los mayores ridículos de su historia (el 3-2 de Tenerife) y el Barça ganando Liga y Champions. Evidentemente, no digo que la historia tenga por qué repetirse a la inversa pero, cuidado con las comparativas al final de Les Corts. En conclusión:  hay Liga.

lunes, 26 de noviembre de 2012

Carta abierta a un fracasado

Editorial -con leves modificaciones- del programa "Ceuta en la Onda" correspondiente al lunes 26-11-12, que cada día presento y dirijo en Onda Cero Ceuta, entre las 12.30 y las 13.45. 101.4 de la FM y www.ondacero.es/directo/ceuta


Muy señor mío:
Nos ha tenido usted, presidente Artur Mas, con el alma en vilo a los que amamos este imperfecto país durante los últimos meses. Este país en el que a algunos no nos sobra nadie, porque entendemos que en el matiz y la diferencia no tiene por qué estar la división, sino el encanto. A los que conocemos su región, por mil causas, y hemos aprendido a quererla y admirarla. Gracias a usted, molt honorable, hemos sentido el escalofrío de la balcanización de España; su discurso mesiánico, victimista y demagógico nos ha recordado, en algunos de sus tramos, al que hace veinte años también pronunció alguien en Europa. Se llamaba Slobodan Milosevic.
Ha buscado usted, por su incompetencia manifiesta para gobernar, el enfrentamiento entre Cataluña y España, sin reparar en las tensiones personales que generaría Su Excelencia entre los millones de ciudadanos que conviven unos con otros; catalanes y charnegos, de derechas o de izquierdas, de tres generaciones o llegados en los sesenta. Le ha dado, absolutamente, igual; sólo importaba su mayoría absoluta. Han hecho ustedes el más espantoso de los ridículos, como pedir a la Unión Europea que amparase a Cataluña ante posibles ataques aéreos de España –como si esto fuera Chechenia-, y se ha intentado apoderar de un sentimiento que le era ajeno, como el del independentismo. Con la fe del converso, Mas el ambiguo intentó manipular a mas de dos millones de personas, envolviéndolas en una bandera y unas consignas para ocultar una cruda realidad: que cierra usted con elecciones el año que empezó cerrando quirófanos.
No le conozco, president, personalmente y créame si le digo que no tengo mucho interés por hacerlo. Pero permítame que hoy me alegre de su espantoso papel, de su derrota sin paliativos, de su ridículo político y personal para los anales de la historia: empezó pidiendo una mayoría excepcional, para luego decir que con lo que tenía se conformaba. Finalmente, doce escaños menos.
No me preocupa el ascenso de Esquerra Republicana de Cataluña; es un partido de grandes subidas y bajadas, coherente –se quiera o no- con su discurso identitario; en épocas de tensión como la que usted ha generado crece y en momentos de sosiego pierde efectivos. Como el PP en Cataluña o como Ciudadanos o CUP, un partido que algunos, hasta anoche, ni siquiera sabíamos que existía: si todo lo condiciona usted al tema único, cuando usted y su partido han llegado a afirmar que la esperanza de vida aumentaría en un 5% en una Cataluña con estado propio, no se extrañe que los partidos con un discurso más contundente en materia de identidad le coman a usted terreno por un lado y por otro. Si me apura, es hasta justo que suban partidos con más trienios y tradición de independentismo que un advenedizo como usted.
Pero lo peor no lo pasó Su Señoría anoche, president. Lo peor le viene ahora: pactar con “esos” de Esquerra de los que usted y los suyos han huido tradicionalmente como de la peste y que ahora son sus únicos aliados posibles en el camino a la independencia o pactar con el PP, que es el que gobierna en Madrid y, por tanto, tiene la pela. Ahora llega la hora de hacer lo que usted no quería: mojarse. En el pecado, lleva pues la penitencia.
Cuando de la identidad se hace programa, y del programa exclusión al que no piensa como uno, el político de turno termina siempre pegándose el batacazo. El “yo soy Cataluña”, como muchos ejemplos de “Yo soy Ceuta”, “Yo soy España” o “Yo soy la convivencia” – y el que no me vote no es catalán, no ama a Ceuta, no es español o es un racista-, tarde o temprano tiene el mismo final: la boca sobre la arena, y la amargura y el rencor por todo sentimiento. En la tierra de Antonio Escobar, aquel dignísimo y ejemplar guardia civil con mando en Barcelona que pagó con su vida cuadrarse delante del presidente Companys el 18 de julio, sabemos algo de eso. Y es por ello por lo que muchos celebramos su ingreso en el club de los cadáveres políticos.

Un saludo, president.

lunes, 5 de noviembre de 2012

Espías y traidores

La palabra espía, necesariamente, no tiene por qué tener la connotación tan negativa que en principio nos sugiere. Desde que el hombre está en el mundo, siempre ha querido saber que pensaba el de al lado, el de la tribu rival, el del país vecino. El espionaje es el músculo del Estado, queramos o no.
Ha caído en mis manos, merced a una gentileza de su autor, el libro "Espías y traidores", de Fernando Rueda. Menciona a los 25 mejores dobles agentes de la historia, cinco de los cuales eran españoles. Posiblemente, si habláramos de los mejores espías de todos los tiempos la "cuota nacional" se ampliaría al menos en dos: Domingo Badía "Ali Bey", primer occidental en entrar en La Meca, y mi paisana Africa De las Heras Gavilán "Patria", mujer bellísima y con una participación capital, por ejemplo, en el asesinato de Leon Trotsky en Méjico. Juan Puyol "Garbo" -acaso el español más influyente de la pasada centuria- figura, con honores y en páginas centrales, en el libro de Rueda.
La historia de algunos -como la de Robert Hansen- es deleznable; traicionar sentimientos y pasaportes por una cuestión del vil metal o de ego. Pero hay historias verdaderamente conmovedoras; de amor, de gente que quería acabar con el comunismo por puro ideal y sin más ambición material que maderas para practicar esa carpintería que tanto les relajaba, de gente que supo sacrificarse y a la que hoy generaciones enteras de demócratas empezamos a descubrir y admirar.
Hay algunos que aún están con nosotros, y que aún sienten el sudor frío cuando escuchan pasos detrás suya. No quiero ni pensar que habrá sido de quien seññalara a los norteamericanos el lugar donde se escondía Osama Bin Laden, por ejemplo, ni que sería de algunos infiltrados en la Mafia si se descubriera quien pegó el chivatazo en las detenciones de Bernardo Provenzano o Totó Riina.
La labor del espía, silenciosa y callada, debe ser ingrata. El ver como hay gente que se pone una medalla a costa de su pellejo. La amargura de saber que se irán al otro lado y nadie les dará una placa. En los últimos años, hemos vivido el desmantelamiento de la mayor pesadilla colectiva de este país en medio siglo. A algunos dobles espías, traidores, les estaremos siempre eternamente agradecidos. Algún día, Mikel Lejarza "Lobo", y sólo Dios sabe cuantos como el, tendrán el reconocimiento debido...

jueves, 27 de septiembre de 2012

¿Quo Vadis, PSOE?

Sabido es que, con lo calentito que se está en el Gobierno, pasar al frío de la oposición suele ser difícil e incómodo. Sabido es que España es un país de tradición conservadora. No política, sino social: en democracia, no ha habido un sólo presidente que no haya renovado, al menos, un mandato y sabido es que una vez que te bajas del escenario, duele ver como las luces y los flashes van para el actor que te ha quitado el papel principal.
Ahora bien, la situación del PSOE empieza a ser extremadamente preocupante. No sólo para los socialistas, sino para España. En unas horas cruciales para este país, con Madrid desangrándose entre revueltas, la versión catalana del Plan Ibarretxe y los hombres de negro desembarcando, se echa de menos un partido de oposición fuerte y estable. Es necesario que el Gobierno de turno tenga mayoría y libertad para cumplir con el mandato otorgado por los ciudadanos. Pero no menos que enfrente tenga una formación con músculo  y dinamismo.
El otoño trielectoral que se nos avecina -Galicia, País Vasco, Cataluña- dejará al PSOE en el peor de los inviernos. No sólo no logrará aumentar o mantener sus gobiernos autonómicos, sino que sinceramente albergo serias dudas de que vaya ni siquiera a ser segunda fuerza política. Cantado parece que Bildu superará a los socialistas en Euskadi, pero no sería descartable tampoco que el PP en Cataluña y el BNG en Galicia accedieran, en detrimento de los del puño y la rosa, al segundo escalón del podio.
Recuerdo una frase de la pasada campaña electoral:  "Cuando yo iba a la universidad, Pérez Rubalcaba era ministro. Ahora que va mi hijo, lo sigue siendo". El principal error del PSOE estriba, probablemente, en tener miedo a la renovación interna tras el cataclismo de 2011. No sólo en las Generales -era previsible- sino en su verdadera tragedia, que es la pérdida de feudos territoriales en una España cada vez más "taificada". Castilla La Mancha, Extremadura, Aragón; Barcelona, Elche, Las Palmas o Gijón siempre fueron feudos socialistas. Ahora, al PSOE sólo le quedan Asturias -suicidio político de Alvarez-Cascos mediante- y una Andalucía donde necesitó la siempre incómoda presencia de IU para formar coalición. El PSOE ha perdido todo debate; el de la identidad en Cataluña -donde sólo PP y ERC mantienen una postura coherente consigo mismo desde la noche de los tiempos-, el de la transición a la paz en Euskadi -decir, justo es,  que finalmente Basagoiti resultó peor compañero de viaje de lo que apuntaba- y el de su renovación en Galicia. Y Ferraz no puede seguir escudándose en la magnitud del golpe recibido para empezar a reaccionar: resulta sinceramente triste ver hablar de cargas policiales a quien fue ministro de Interior o criticar recortes a quienes, por primera vez, aminoraron el sueldo de los funcionarios. Si, es cierto que el PP deja en anécdota aquella "zapaterada". Pero recuerden lo que es el liberalismo económico y al menos reconozcamos que esto está en el ADN "pepero". Mientras, el PSOE sigue empeñado en vender arena en el desierto.
Supongo que los socialistas volverán a gobernar este país y muchas de las autonomías o municipios antes mencionados. Doy por hecho que muchos dirigentes regionales del PSOE se han visto -y verán- castigados en las urnas por "errores de conjunto". Pero tras que se fuera Zapatero, en la casa sólo ha quedado una foto en blanco y negro: Rubalcaba -un señor a las puertas de la jubilación-, los restos del "miembrismo" y poco más. La disidencia fue aplastada hasta matar toda semilla de debate interno.
Insisto: me preocupa el PSOE cómo hace años me preocupaba el PP. Porque desde que un presidente entra en el cargo, es necesario mirar a quien aspira a sucederle. Y no parece claro que Rubalcaba regrese a Moncloa para quedarse; ni siquiera apostaría  mucho a que el ex vicepresidente será candidato en 2015. Me imagino más a cierto alcalde de ciudad imperial o cierto miembro de club con nombre de hotel e hijo de naturistas.
Con un Gobierno desbordado, una calle en franco divorcio con sus instituciones y la economía del país con lo puesto, el principal partido de la oposición ni está ni -es lo peor- se le espera. No me resisto a pensar que este es el caldo de cultivo perfecto para un partido de extrema derecha. Que es justo lo que le falta a este país para que, una vez más y después de cuarenta años, Europa vuelva a empezar en los Pirineos....

martes, 25 de septiembre de 2012

Messi, Cristiano: Iniesta

Dentro de poco, la FIFA anunciará los candidatos al Balón de Oro 2012. Ya saben: aquel certámen del que la leyenda dice que una vez premiaba a los mejores jugadores del año en curso y que actualmente premia a los que más camisetas venden. Con estos premios, me ocurre lo mismo que con los Oscars: nadie duda que Katherin Bigalow tuviese calidad suficiente como para llevarse la estatuilla dorada. Lo que llama a la desafección al premio es que tenga el Oscar que no lograron Hitchcock, Welles o Chaplin.
Nadie duda, por tanto, que Lionel Messi o Cristiano Ronaldo serían magníficos balones de oro. Pero que nadie discuta  que hay más jugadores que, al margen de ambos dos, merecen tal premio. Sobre todo -y aquí entramos en el terreno exclusivo de mi opinión personal- ninguno de los dos es el mejor jugador del mundo y ninguno de los dos ha sido el mejor jugador de 2012.
Si de mi dependiera, el Balón de Oro 2012 quedaría del siguiente modo:
   -Balón de Bronce para Didier Drogba. El fútbol también debe premiar la épica. Y algún día hablaremos de la legendaria actuación del marfileño en la pasada Champions. Cierto es que el Chelsea es el campeón europeo más gris y aburrido que se recuerda desde el PSV de Hiddink o el Milan de 2003; la escasa calidad que atesora en sus filas se ve sepultada ante el peso de la pizarra y el resultadismo más extremo, quizá fruto de las urgencias históricas de su propietario y la mala trayectoria liguera del pasado año. Pero Drogba se alzó como el gran referente, la gran pesadilla para sus rivales, e hizo del arreón final un instrumento para que la "orejona" resida por primera vez en Londres. Justo el año que menos se esperaba. Sería, de paso, un reconocimiento para uno de los grandes clubes de lo que llevamos de centuria.
   -Balón de Plata para Andrea Pirlo. A la hora de hablar de Diego Armando Maradona, siempre se dice que ganó el sólo el mundial de Méjico 86. Pirlo no es como El Pelusa, pero igual mérito le corresponde: sin sus pases medidas, sin su manera de ver el centro antes siquiera de que el balón le caiga, sin sus escasas pero certeras apariciones en el área contraria, hubiera sido imposible ver a Italia ganando el campeonato de 2006. Ni pujando por la Euro de este año, donde sólo la mejor España que se recuerda impidió al mediocentro italiano coronar con éxito la lección de fútbol y de dirección que dio en cada partido del máximo torneo continental. Pirlo ha sido, además, el motor para que la Juventus de Turín, la vieja y necesaria señora, volviera a ganar una liga tras la vergüenza del descenso administrativo y el trauma de la Segunda. De Pirlo se puede decir lo mismo que de Norman Bates: cada vez que aparece en pantalla, sabes que va a pasar algo.
   -Balón de Oro: No tiene carisma. Ni se le conoce más anuncio que el de una marca de helados. No se prodiga más allá de lo necesario en los medios de comunicación. No alardea en público. No da importancia al reconocimiento individual. Simplemente, sabe que tiene un trabajo y lo hace de maravilla. Pero el hecho de aparecer frío e indiferente ante los galardones, no es óbice para que  reciba, al fin, el premio al mejor jugador del año. Méritos ha hecho de sobra: ganó España el mundial con un gol suyo y durante la Eurocopa no anotó, pero movió al equipo como sólo los dioses saben hacerlo. Dice que pudo escuchar el silencio cuando batió a Sketelemburg en Johannesburgo. Yo no lo conozco personalmente, pero me lo creo. Lo que distingue a los grandes de los enormes es que estos aparecen cuando al resto le flaquean las piernas. Y Andrés Iniesta nos tiene acostumbrados al gol o a la genialidad cuando el tiempo apremia y la navaja acaricia la garganta. Y, a diferencia de otros, cuando el brilla lo hacen no sólo su club. También su selección. Por tanto, y desde el respeto hacia otros como Casillas o Xavi, ya es hora de que al mejor combinado de la historia de Europa se le premie en el único terreno donde no llegan los goles: el de los despachos, asesores de imagen y jefes de ventas. El del Balón de Oro.

jueves, 20 de septiembre de 2012

Mis películas favoritas (III): La Palabra

Esta serie de artículos NO es un compendio de las mejores películas de la historia del cine; son, con quien las quiera compartir, una serie de reflexiones sobre el modesto gusto de este bloguero. Advierto que pueden incluir elementos de la trama; si alguien no las ha visto, que no siga leyendo

No se preocupen; yo tampoco había escuchado hablar de ella. Pero el caso es que una visión casual de "Qué grande es el cine" con el que José Luis Garci homenajeaba al séptimo arte en el centenario de su nacimiento, me sorprendió, me dió de bruces y me dejó boquiabierto ante una cinta más venerada en el mundo de las academias que entre el gran público. Si alguien dice sentirse impresionado por una película danesa de 1955, seguramente sea tildado de esnobista, de friki o de intelecualoide. De los tres epítetos, quizá tenga servidor algo del segundo. Pero el cine, como la buena música, no tiene edad ni pasaporte. Y esta obra maestra, sin ningún tipo de dudas, lo demuestra.
Ordet o La Palabra en castellano es un cántico a la vida, a la esperanza, a la resurrección. No tiene grandes diálogos ni frases memorables; yo mismo no sabría decirles el nombre de uno sólo de los actores protagonistas. Pero si el de su director. De pie, por favor, y en posición de firmes. Carl Theodor Dreyer.
                                                    
De todas las interpretaciones de Jesús de Nazaret que nos ha dejado el cine, quizá esta sea la menos conocida por el gran público. Porque el personaje central de la trama -un seminarista que de tanto estudiar los evangelios termina por creerse Cristo- es una suerte de Cristo viviendo en la campiña danesa del siglo XX las penurias padecidas por el Rey de Reyes en vida.
Incomprensión, desprecio, marginación, rechazo. Todo esto lo experimenta Johannes, protagonista dignamente secundado por su padre y hermano,  con la división dentro del cristianismo entre católicos y protestantes como telón de fondo. Es una triste historia con final feliz: si la han visto recordarán, y si no lo han hecho no se la pierdan, la escena final con el faro del coche de fondo. Analogía de la vida con algo tan insignificante en estado puro.
Probablemente, Ordet sea la gran olvidada de las listas de grandes películas de todos los tiempos. Las prestigiosas revistas que año tras año encumbran a Vértigo o Ciudadano Kane no tienen hueco en sus páginas para una lección de fotografía magistral, para el reflejo de un Cristo en el que algunos creemos: alejado de los templos donde aún siguen los mercaderes, próximos a los niños y a los que sufren. De no haber sido danesa, y llevar pasaporte británico o estadounidense, no les quepa la menor duda que alguno de esos venerados críticos la incluiría. De momento, aparte de Garci, creo -es broma- que esta película sólo la hemos visto otro "dreyerista" convencido como Leonardo Campoamor y yo. Por eso la comparto. Porque, como el cine y la buena música, la esperanza y el optimismo no tienen edad ni pasaporte. Para el cine, Belén se encuentra en Dinamarca desde 1955...