lunes, 26 de noviembre de 2012

Carta abierta a un fracasado

Editorial -con leves modificaciones- del programa "Ceuta en la Onda" correspondiente al lunes 26-11-12, que cada día presento y dirijo en Onda Cero Ceuta, entre las 12.30 y las 13.45. 101.4 de la FM y www.ondacero.es/directo/ceuta


Muy señor mío:
Nos ha tenido usted, presidente Artur Mas, con el alma en vilo a los que amamos este imperfecto país durante los últimos meses. Este país en el que a algunos no nos sobra nadie, porque entendemos que en el matiz y la diferencia no tiene por qué estar la división, sino el encanto. A los que conocemos su región, por mil causas, y hemos aprendido a quererla y admirarla. Gracias a usted, molt honorable, hemos sentido el escalofrío de la balcanización de España; su discurso mesiánico, victimista y demagógico nos ha recordado, en algunos de sus tramos, al que hace veinte años también pronunció alguien en Europa. Se llamaba Slobodan Milosevic.
Ha buscado usted, por su incompetencia manifiesta para gobernar, el enfrentamiento entre Cataluña y España, sin reparar en las tensiones personales que generaría Su Excelencia entre los millones de ciudadanos que conviven unos con otros; catalanes y charnegos, de derechas o de izquierdas, de tres generaciones o llegados en los sesenta. Le ha dado, absolutamente, igual; sólo importaba su mayoría absoluta. Han hecho ustedes el más espantoso de los ridículos, como pedir a la Unión Europea que amparase a Cataluña ante posibles ataques aéreos de España –como si esto fuera Chechenia-, y se ha intentado apoderar de un sentimiento que le era ajeno, como el del independentismo. Con la fe del converso, Mas el ambiguo intentó manipular a mas de dos millones de personas, envolviéndolas en una bandera y unas consignas para ocultar una cruda realidad: que cierra usted con elecciones el año que empezó cerrando quirófanos.
No le conozco, president, personalmente y créame si le digo que no tengo mucho interés por hacerlo. Pero permítame que hoy me alegre de su espantoso papel, de su derrota sin paliativos, de su ridículo político y personal para los anales de la historia: empezó pidiendo una mayoría excepcional, para luego decir que con lo que tenía se conformaba. Finalmente, doce escaños menos.
No me preocupa el ascenso de Esquerra Republicana de Cataluña; es un partido de grandes subidas y bajadas, coherente –se quiera o no- con su discurso identitario; en épocas de tensión como la que usted ha generado crece y en momentos de sosiego pierde efectivos. Como el PP en Cataluña o como Ciudadanos o CUP, un partido que algunos, hasta anoche, ni siquiera sabíamos que existía: si todo lo condiciona usted al tema único, cuando usted y su partido han llegado a afirmar que la esperanza de vida aumentaría en un 5% en una Cataluña con estado propio, no se extrañe que los partidos con un discurso más contundente en materia de identidad le coman a usted terreno por un lado y por otro. Si me apura, es hasta justo que suban partidos con más trienios y tradición de independentismo que un advenedizo como usted.
Pero lo peor no lo pasó Su Señoría anoche, president. Lo peor le viene ahora: pactar con “esos” de Esquerra de los que usted y los suyos han huido tradicionalmente como de la peste y que ahora son sus únicos aliados posibles en el camino a la independencia o pactar con el PP, que es el que gobierna en Madrid y, por tanto, tiene la pela. Ahora llega la hora de hacer lo que usted no quería: mojarse. En el pecado, lleva pues la penitencia.
Cuando de la identidad se hace programa, y del programa exclusión al que no piensa como uno, el político de turno termina siempre pegándose el batacazo. El “yo soy Cataluña”, como muchos ejemplos de “Yo soy Ceuta”, “Yo soy España” o “Yo soy la convivencia” – y el que no me vote no es catalán, no ama a Ceuta, no es español o es un racista-, tarde o temprano tiene el mismo final: la boca sobre la arena, y la amargura y el rencor por todo sentimiento. En la tierra de Antonio Escobar, aquel dignísimo y ejemplar guardia civil con mando en Barcelona que pagó con su vida cuadrarse delante del presidente Companys el 18 de julio, sabemos algo de eso. Y es por ello por lo que muchos celebramos su ingreso en el club de los cadáveres políticos.

Un saludo, president.

lunes, 5 de noviembre de 2012

Espías y traidores

La palabra espía, necesariamente, no tiene por qué tener la connotación tan negativa que en principio nos sugiere. Desde que el hombre está en el mundo, siempre ha querido saber que pensaba el de al lado, el de la tribu rival, el del país vecino. El espionaje es el músculo del Estado, queramos o no.
Ha caído en mis manos, merced a una gentileza de su autor, el libro "Espías y traidores", de Fernando Rueda. Menciona a los 25 mejores dobles agentes de la historia, cinco de los cuales eran españoles. Posiblemente, si habláramos de los mejores espías de todos los tiempos la "cuota nacional" se ampliaría al menos en dos: Domingo Badía "Ali Bey", primer occidental en entrar en La Meca, y mi paisana Africa De las Heras Gavilán "Patria", mujer bellísima y con una participación capital, por ejemplo, en el asesinato de Leon Trotsky en Méjico. Juan Puyol "Garbo" -acaso el español más influyente de la pasada centuria- figura, con honores y en páginas centrales, en el libro de Rueda.
La historia de algunos -como la de Robert Hansen- es deleznable; traicionar sentimientos y pasaportes por una cuestión del vil metal o de ego. Pero hay historias verdaderamente conmovedoras; de amor, de gente que quería acabar con el comunismo por puro ideal y sin más ambición material que maderas para practicar esa carpintería que tanto les relajaba, de gente que supo sacrificarse y a la que hoy generaciones enteras de demócratas empezamos a descubrir y admirar.
Hay algunos que aún están con nosotros, y que aún sienten el sudor frío cuando escuchan pasos detrás suya. No quiero ni pensar que habrá sido de quien seññalara a los norteamericanos el lugar donde se escondía Osama Bin Laden, por ejemplo, ni que sería de algunos infiltrados en la Mafia si se descubriera quien pegó el chivatazo en las detenciones de Bernardo Provenzano o Totó Riina.
La labor del espía, silenciosa y callada, debe ser ingrata. El ver como hay gente que se pone una medalla a costa de su pellejo. La amargura de saber que se irán al otro lado y nadie les dará una placa. En los últimos años, hemos vivido el desmantelamiento de la mayor pesadilla colectiva de este país en medio siglo. A algunos dobles espías, traidores, les estaremos siempre eternamente agradecidos. Algún día, Mikel Lejarza "Lobo", y sólo Dios sabe cuantos como el, tendrán el reconocimiento debido...

jueves, 27 de septiembre de 2012

¿Quo Vadis, PSOE?

Sabido es que, con lo calentito que se está en el Gobierno, pasar al frío de la oposición suele ser difícil e incómodo. Sabido es que España es un país de tradición conservadora. No política, sino social: en democracia, no ha habido un sólo presidente que no haya renovado, al menos, un mandato y sabido es que una vez que te bajas del escenario, duele ver como las luces y los flashes van para el actor que te ha quitado el papel principal.
Ahora bien, la situación del PSOE empieza a ser extremadamente preocupante. No sólo para los socialistas, sino para España. En unas horas cruciales para este país, con Madrid desangrándose entre revueltas, la versión catalana del Plan Ibarretxe y los hombres de negro desembarcando, se echa de menos un partido de oposición fuerte y estable. Es necesario que el Gobierno de turno tenga mayoría y libertad para cumplir con el mandato otorgado por los ciudadanos. Pero no menos que enfrente tenga una formación con músculo  y dinamismo.
El otoño trielectoral que se nos avecina -Galicia, País Vasco, Cataluña- dejará al PSOE en el peor de los inviernos. No sólo no logrará aumentar o mantener sus gobiernos autonómicos, sino que sinceramente albergo serias dudas de que vaya ni siquiera a ser segunda fuerza política. Cantado parece que Bildu superará a los socialistas en Euskadi, pero no sería descartable tampoco que el PP en Cataluña y el BNG en Galicia accedieran, en detrimento de los del puño y la rosa, al segundo escalón del podio.
Recuerdo una frase de la pasada campaña electoral:  "Cuando yo iba a la universidad, Pérez Rubalcaba era ministro. Ahora que va mi hijo, lo sigue siendo". El principal error del PSOE estriba, probablemente, en tener miedo a la renovación interna tras el cataclismo de 2011. No sólo en las Generales -era previsible- sino en su verdadera tragedia, que es la pérdida de feudos territoriales en una España cada vez más "taificada". Castilla La Mancha, Extremadura, Aragón; Barcelona, Elche, Las Palmas o Gijón siempre fueron feudos socialistas. Ahora, al PSOE sólo le quedan Asturias -suicidio político de Alvarez-Cascos mediante- y una Andalucía donde necesitó la siempre incómoda presencia de IU para formar coalición. El PSOE ha perdido todo debate; el de la identidad en Cataluña -donde sólo PP y ERC mantienen una postura coherente consigo mismo desde la noche de los tiempos-, el de la transición a la paz en Euskadi -decir, justo es,  que finalmente Basagoiti resultó peor compañero de viaje de lo que apuntaba- y el de su renovación en Galicia. Y Ferraz no puede seguir escudándose en la magnitud del golpe recibido para empezar a reaccionar: resulta sinceramente triste ver hablar de cargas policiales a quien fue ministro de Interior o criticar recortes a quienes, por primera vez, aminoraron el sueldo de los funcionarios. Si, es cierto que el PP deja en anécdota aquella "zapaterada". Pero recuerden lo que es el liberalismo económico y al menos reconozcamos que esto está en el ADN "pepero". Mientras, el PSOE sigue empeñado en vender arena en el desierto.
Supongo que los socialistas volverán a gobernar este país y muchas de las autonomías o municipios antes mencionados. Doy por hecho que muchos dirigentes regionales del PSOE se han visto -y verán- castigados en las urnas por "errores de conjunto". Pero tras que se fuera Zapatero, en la casa sólo ha quedado una foto en blanco y negro: Rubalcaba -un señor a las puertas de la jubilación-, los restos del "miembrismo" y poco más. La disidencia fue aplastada hasta matar toda semilla de debate interno.
Insisto: me preocupa el PSOE cómo hace años me preocupaba el PP. Porque desde que un presidente entra en el cargo, es necesario mirar a quien aspira a sucederle. Y no parece claro que Rubalcaba regrese a Moncloa para quedarse; ni siquiera apostaría  mucho a que el ex vicepresidente será candidato en 2015. Me imagino más a cierto alcalde de ciudad imperial o cierto miembro de club con nombre de hotel e hijo de naturistas.
Con un Gobierno desbordado, una calle en franco divorcio con sus instituciones y la economía del país con lo puesto, el principal partido de la oposición ni está ni -es lo peor- se le espera. No me resisto a pensar que este es el caldo de cultivo perfecto para un partido de extrema derecha. Que es justo lo que le falta a este país para que, una vez más y después de cuarenta años, Europa vuelva a empezar en los Pirineos....

martes, 25 de septiembre de 2012

Messi, Cristiano: Iniesta

Dentro de poco, la FIFA anunciará los candidatos al Balón de Oro 2012. Ya saben: aquel certámen del que la leyenda dice que una vez premiaba a los mejores jugadores del año en curso y que actualmente premia a los que más camisetas venden. Con estos premios, me ocurre lo mismo que con los Oscars: nadie duda que Katherin Bigalow tuviese calidad suficiente como para llevarse la estatuilla dorada. Lo que llama a la desafección al premio es que tenga el Oscar que no lograron Hitchcock, Welles o Chaplin.
Nadie duda, por tanto, que Lionel Messi o Cristiano Ronaldo serían magníficos balones de oro. Pero que nadie discuta  que hay más jugadores que, al margen de ambos dos, merecen tal premio. Sobre todo -y aquí entramos en el terreno exclusivo de mi opinión personal- ninguno de los dos es el mejor jugador del mundo y ninguno de los dos ha sido el mejor jugador de 2012.
Si de mi dependiera, el Balón de Oro 2012 quedaría del siguiente modo:
   -Balón de Bronce para Didier Drogba. El fútbol también debe premiar la épica. Y algún día hablaremos de la legendaria actuación del marfileño en la pasada Champions. Cierto es que el Chelsea es el campeón europeo más gris y aburrido que se recuerda desde el PSV de Hiddink o el Milan de 2003; la escasa calidad que atesora en sus filas se ve sepultada ante el peso de la pizarra y el resultadismo más extremo, quizá fruto de las urgencias históricas de su propietario y la mala trayectoria liguera del pasado año. Pero Drogba se alzó como el gran referente, la gran pesadilla para sus rivales, e hizo del arreón final un instrumento para que la "orejona" resida por primera vez en Londres. Justo el año que menos se esperaba. Sería, de paso, un reconocimiento para uno de los grandes clubes de lo que llevamos de centuria.
   -Balón de Plata para Andrea Pirlo. A la hora de hablar de Diego Armando Maradona, siempre se dice que ganó el sólo el mundial de Méjico 86. Pirlo no es como El Pelusa, pero igual mérito le corresponde: sin sus pases medidas, sin su manera de ver el centro antes siquiera de que el balón le caiga, sin sus escasas pero certeras apariciones en el área contraria, hubiera sido imposible ver a Italia ganando el campeonato de 2006. Ni pujando por la Euro de este año, donde sólo la mejor España que se recuerda impidió al mediocentro italiano coronar con éxito la lección de fútbol y de dirección que dio en cada partido del máximo torneo continental. Pirlo ha sido, además, el motor para que la Juventus de Turín, la vieja y necesaria señora, volviera a ganar una liga tras la vergüenza del descenso administrativo y el trauma de la Segunda. De Pirlo se puede decir lo mismo que de Norman Bates: cada vez que aparece en pantalla, sabes que va a pasar algo.
   -Balón de Oro: No tiene carisma. Ni se le conoce más anuncio que el de una marca de helados. No se prodiga más allá de lo necesario en los medios de comunicación. No alardea en público. No da importancia al reconocimiento individual. Simplemente, sabe que tiene un trabajo y lo hace de maravilla. Pero el hecho de aparecer frío e indiferente ante los galardones, no es óbice para que  reciba, al fin, el premio al mejor jugador del año. Méritos ha hecho de sobra: ganó España el mundial con un gol suyo y durante la Eurocopa no anotó, pero movió al equipo como sólo los dioses saben hacerlo. Dice que pudo escuchar el silencio cuando batió a Sketelemburg en Johannesburgo. Yo no lo conozco personalmente, pero me lo creo. Lo que distingue a los grandes de los enormes es que estos aparecen cuando al resto le flaquean las piernas. Y Andrés Iniesta nos tiene acostumbrados al gol o a la genialidad cuando el tiempo apremia y la navaja acaricia la garganta. Y, a diferencia de otros, cuando el brilla lo hacen no sólo su club. También su selección. Por tanto, y desde el respeto hacia otros como Casillas o Xavi, ya es hora de que al mejor combinado de la historia de Europa se le premie en el único terreno donde no llegan los goles: el de los despachos, asesores de imagen y jefes de ventas. El del Balón de Oro.

jueves, 20 de septiembre de 2012

Mis películas favoritas (III): La Palabra

Esta serie de artículos NO es un compendio de las mejores películas de la historia del cine; son, con quien las quiera compartir, una serie de reflexiones sobre el modesto gusto de este bloguero. Advierto que pueden incluir elementos de la trama; si alguien no las ha visto, que no siga leyendo

No se preocupen; yo tampoco había escuchado hablar de ella. Pero el caso es que una visión casual de "Qué grande es el cine" con el que José Luis Garci homenajeaba al séptimo arte en el centenario de su nacimiento, me sorprendió, me dió de bruces y me dejó boquiabierto ante una cinta más venerada en el mundo de las academias que entre el gran público. Si alguien dice sentirse impresionado por una película danesa de 1955, seguramente sea tildado de esnobista, de friki o de intelecualoide. De los tres epítetos, quizá tenga servidor algo del segundo. Pero el cine, como la buena música, no tiene edad ni pasaporte. Y esta obra maestra, sin ningún tipo de dudas, lo demuestra.
Ordet o La Palabra en castellano es un cántico a la vida, a la esperanza, a la resurrección. No tiene grandes diálogos ni frases memorables; yo mismo no sabría decirles el nombre de uno sólo de los actores protagonistas. Pero si el de su director. De pie, por favor, y en posición de firmes. Carl Theodor Dreyer.
                                                    
De todas las interpretaciones de Jesús de Nazaret que nos ha dejado el cine, quizá esta sea la menos conocida por el gran público. Porque el personaje central de la trama -un seminarista que de tanto estudiar los evangelios termina por creerse Cristo- es una suerte de Cristo viviendo en la campiña danesa del siglo XX las penurias padecidas por el Rey de Reyes en vida.
Incomprensión, desprecio, marginación, rechazo. Todo esto lo experimenta Johannes, protagonista dignamente secundado por su padre y hermano,  con la división dentro del cristianismo entre católicos y protestantes como telón de fondo. Es una triste historia con final feliz: si la han visto recordarán, y si no lo han hecho no se la pierdan, la escena final con el faro del coche de fondo. Analogía de la vida con algo tan insignificante en estado puro.
Probablemente, Ordet sea la gran olvidada de las listas de grandes películas de todos los tiempos. Las prestigiosas revistas que año tras año encumbran a Vértigo o Ciudadano Kane no tienen hueco en sus páginas para una lección de fotografía magistral, para el reflejo de un Cristo en el que algunos creemos: alejado de los templos donde aún siguen los mercaderes, próximos a los niños y a los que sufren. De no haber sido danesa, y llevar pasaporte británico o estadounidense, no les quepa la menor duda que alguno de esos venerados críticos la incluiría. De momento, aparte de Garci, creo -es broma- que esta película sólo la hemos visto otro "dreyerista" convencido como Leonardo Campoamor y yo. Por eso la comparto. Porque, como el cine y la buena música, la esperanza y el optimismo no tienen edad ni pasaporte. Para el cine, Belén se encuentra en Dinamarca desde 1955...

martes, 18 de septiembre de 2012

Carrillo, Fraga: España

A la hora de elaborar el resumen de 2012, los periodistas e historiadores tendremos la obligación de mencionar, en el capítulo de ausencias, las de dos hombres que han encarnado hasta el último momento las dos Españas. En este siglo han sido derechas e izquierdas, pero siempre nos ha gustado la división: carlistas y liberales, afrancesados y no, moros y cristianos. España es un país de grandes entierros, dijo Pemán. Quizá porque es una nación que lleva el cainismo en el ADN. Recuerdo la frase de un buen amigo y seguidor de este blog: "Desde Isabel la Católica, nadie ha unido tanto a este país como Andrés Iniesta".
Manuel Fraga se fue en enero, ocho meses antes que Santiago Carrillo, que además era ocho años mayor que su íntimo enemigo. Y ambos no son inocentes al juicio de la historia: Carrillo, en efecto, tuvo un papel como mínimo sospechoso en Paracuellos del Jarama. Pero no olvidemos como se llamaba el ministro de la Gobernación cuando Enrique Ruano se caía por los ventanales.
Fraga y Carrillo han representado el mismo papel. El de portavoces de bandos en una guerra fraticida, pero que, en la madurez política y personal consideraron que había que dar marcha atrás. Ambos conocían lo que era la Guerra Civil; por ello ambos sabían que era importante ceder para que, sobre todo, los que viniésemos después pudieramos respirar algo parecido a la libertad y la concordia.
Ambos sabían que agitar banderas al viento podía no sólo mover conciencias, sino también incitar a disparar armas. Pertenecieron a esa suerte de hombres criados en la cultura del odio que al final terminaron por encontrarse, mirarse a los ojos y firmar un pacto entre caballeros. Para cumplirlo, además.

 No fueron sólo ellos. Tarradellas, Tarancón o Gutiérrez Mellado, entre otros, hubieron de hacer grandes sacrificios; renunciar al todo por garantizar una parte. Ese es su legado. El pasaporte de ambos hacia la absolución. Y la lección que cabe extraer de sus palabras, de sus hechos, para los que andamos ahora inmersos en una crisis que sólo Dios sabe donde nos llevará y en una generación que trata de reescribir, absurda y peligrosamente, la historia de la que ellos fueron protagonistas.
Los que creemos en la democracia, en los valores cívicos que hacen de este el sistema menos malo de gobierno, podemos tener tantos motivos para odiar como para venerar a ambos. Yo estoy en medio, ideológicamente, de los dos. Dijo Pedro Ruiz que la izquierda arruina a los pueblos y la derecha los explota. Por tanto, la virtud está en el termino medio. En Voltaire; ("No comparto lo que usted dice, pero daría mi vida por su derecho a decirlo") y en el legado de dos hombres que dejan, si cabe, más huérfana de referentes nuestra democracia. Y dos hombres a los que quiero testimoniar mi respeto, pese a que Ceuta y los ceutíes no merecieran el mismo para ninguno de los dos en aquellos convulsos años 70. Pero esa, es otra historia. La que nos es común, la que nos legaron desde la altura de miras, se llama democracia. Gracias, por todo, y pese a todo.

miércoles, 12 de septiembre de 2012

Mis películas favoritas (II): Bienvenido, Mr. Marshall

Esta serie de artículos NO es un compendio de las mejores películas de la historia del cine; son, con quien las quiera compartir, una serie de reflexiones sobre el modesto gusto de este bloguero. Advierto que pueden incluir elementos de la trama; si alguien no las ha visto, que no siga leyendo.

Los censores son, definitivamente, una especie burda e ignorante. Tal es el caso que durante muchos años en España se vió alterado el guión de Casablanca porque el personaje de Rick había luchado del lado de los republicanos, pero sin embargo se les coló inexplicablemente la mejor crítica, la más ácida sátira del franquismo y sus consecuencias. Condenaron al ostrascismo al bueno de Bonet de San Pedro por interpretar que Rascayú era una alusión al del brazo incorrupto de Santa Teresa, y no supieron oler, ni de lejos, que la más magistral de las cintas jamás rodadas en España -y una de las más grandes de toda la filmografía mundial- era un alegato contra el aislacionismo, un escaparate mordaz y ridículo de un país con suficientes traumas para sonreir aún en aquellos cincuenta.
Dwight Eisenhower fue un hombre con una especial sensibilidad hacia nuestro país. Antes de que Bill Clinton bailase la Macarena, ya eligió como sintonía de campaña El Relicario, en un hábil guiño hacia un voto hispano cada vez más influyente. Mientras, en El Pardo suspiraban porque el Plan Marshall llegase a España. Los americanos, guapos y sanos, traerían el dinero que no había merced al fraticidio de finales de los 30. Y en esas, Francisco Franco ya no era el malvado dictador al que muchos norteamericanos habían combatido como brigadistas internacionales. Era un elemento clave para frenar el comunismo. Y en esas, Ike llegó a Madrid.
Cuentan que en su paseo por Madrid, al margen de carteles como "I Like Ike", el general que lideró el desembarco en Normandía fijó su atención en un cartel: "Bienvenido, Mr. Marshall". Cuentan que mostró su enfado porque aún no se había decidido que tal acción llegase a España. Y cuentan que al presidente le contaron que era cosa de unos muchachitos que hacían cine.
 
Unos muchachitos, comandados por Luis García Berlanga, que presentaron a España como una aldea de catetos, tan ignorantes como tiernos e ilusos, esperando que llegase el maná en forma de dinero. Si El Quijote es, en la literatura, el mejor retrato del carácter español, su réplica y continuación en el cine es la cinta rodada en Guadalix de la Sierra. Lugar que luego acogió el esperpento aquel de Gran Hermano. Pero esa, es otra historia.
A un insignificante pueblo perdido en cualquier lugar de la Meseta, llegan noticias de que van a venir los americanos. Y entonces, Berlanga  -en magistral colaboración con Miguel Mihura y Juan Antonio Bardem- saca a relucir la España profunda. El alcalde, el cura, la maestra, el intelectual del pueblo  cuyo tío abuelo estuvo en América y que protesta por el evento tanto como desea participar del mismo, el representante de artistas que engañaba a los aldeanos con una supuesta estrella mundial de la copla como si de cristalitos de colores en una aldea zulú se tratase... Dios Salve a Berlanga.
Para colmo, nos deja detalles como una absurda e inmortal canción. Aeroplanos conservados en frigidaire (frigoríficos). Virginia, Michigan y Texas que, no está mal. Y por supuesto, la desolación final. Los americanos pasan, pero lo hacen de largo y por espacio de unos minutos. De nada sirve que el alcalde -enorme José Isbert-  se haya tragado no se cuantas películas del oeste. De nada sirve la fuente de colores ni el patio andaluz en que se convierten las calles del pueblo. De nada sirve que la gente haya soñado con tractores para dejar las duras tareas del campo, o que las mocitas más presumías se hayan deshecho de sus mejores prendas esperando la seda yanqui. No. Los americanos pasan de largo.
No es sólo reirse, que también, de la cómica historia. Es también llorar, emocionarse, ver que, en efecto, somos así de ridículos. Berlanga, sátiro por excelencia, deja para la inmortalidad un largometraje cuya visión es más dulce y admirada conforme pasan los años. Bienvenido Mr. Marshall es nuestro Ladrón de Bicicletas, nuestro Nacimiento de una nación. Es nuestra obra maestra. Y, posiblemente, una de las grandes hazañas del cine, como dijo Pepe Sacristán en un homenaje al fallecido director al que tuve la suerte de asistir en San Lorenzo de El Escorial, de cualquier director en cualquier tiempo y lugar. Y si creen que exagero, prueben a verla y luego a compararla con el revuelo generado, casi sesenta años después,  por la  reciente visita de Angela Merkel.