Imaginen, por un momento, que la ciudad de Nueva York aparece llena de cadáveres. 13 millones de personas, en la Quinta Avenida, Queens o Chinatown, han fallecido de golpe y porrazo. Sólo han sobrevivido unas cuantas personas, pertenecientes a la Cruz Roja internacional que venían advirtiendo de las consecuencias de no tener en cuenta sus avisos.
Imaginen, por un momento, que un grupo de tipos de esos con corbata y a los que no conoce nadie salen ahora encogidos de hombros, cariacontecidos y dicen que "efectivamente, hemos hecho todo lo que hemos podido. Nos hemos reunido, por lo menos, dos veces en un mes".
Imaginen, por un momento, que a alguien le da por culpar a esos tipos de que hayan muerto 13 millones de personas. Seguramente, ese alguien sería tildado de antisistema, de loco o de terrorista e, inmediatamente, alguien saldrá hablando de la amenaza para la paz y la seguridad mundial que suponían los 13 millones de neoyorquinos muertos.
Ahora imaginen que no hablamos de Nueva York. Ni de muertos, pero si de agonizantes: pieles hinchadas, ojos a punto de reventar, niños famélicos. Imaginen que existen. Qué se están muriendo ahora. Y que son de Kenia, Somalia o Sudán del Sur. Da igual. "Llevan toda la vida así", dirá alguno.
Trece millones de personas, la población de París o Nueva York, corren el riesgo de morir como consecuencia de una hambruna. Probablemente, en lo que yo tardo en escribir esto y ustedes en leerlo muchos hayan muerto. Gente como usted y como yo, de piel marrón. Eso si: la ONU -organismo dedicado a la paz mundial, y que en su existencia no ha conocido un sólo día sin guerras- y la FAO -organización alimentaria, y mejor me callo- se han reunido, y hasta han emitido un comunicado solidarizándose con las víctimas.
Efectivamente. El ser humano da asco.
jueves, 25 de agosto de 2011
sábado, 30 de julio de 2011
De nombres y coincidencias
Conde de Barcelona y Rey de Aragón, la incorporación a sus dominios durante su período regente de las Baleares y de las actuales provincias de Valencia y Murcia valieron a Jaime I el sobrenombre de El Conquistador. Viene a colación porque el otro día, viajando a bordo del Jaume I me dió por pensar que la historia, los nombres y la reiteración suele dar lugar a curiosas e hijopúticas situaciones.
Jaime I dió nombre, con el tiempo, a un destructor que bombardeó Ceuta durante la Guerra Incivil. Y ahora lo que bombardea, directamente, es nuestra paciencia. No el destructor, sino el barco de pasajeros. Fue especialmente cachondo montarme en el Jaume I -cosas del bilingüismo-con un curioso anuncio de la Generalitat Valencia serigrafiado en uno de sus costados el día en que la CAM pasaba a ser intervenida por el Banco de España. Curioso barco ese, con los émulos de Manolo Sáiz (venga, venga, venga va) llegados desde el Este dirigiendo el Scalextric. Perdón, garaje.
Es como lo de la candidatura olímpica de Madrid. A mi, que presento grandes dosis de cabronina en vena, lo que me entusiasma no es ver al Usain Bolt de turno arrasando La Peineta. Lo que de verdad me gusta es que alguien en las intentonas para el 12 y 16 decidió que el tiro olímpico iría a Paracuellos del Jarama, aludiendo a la "arraigada tradición del lugar". Con un par.
Y el remate ha sido la convocatoria electoral. No había mejor fecha. No. El 20 de noviembre. La coña de Elecciones Generalísimas ya arrasa en internet. Ayer, un buen amigo más rojo que el Bitter-Kas, me decía que era un incentivo para mover a las bases que Rubalcaba (o Rubalcalva, como he leído en alguna ocasión) fuera presidente electo el mismo día en que el del Brazo Incorrupto de Santa Teresa selló el pasaporte. Claro, que si tenemos en cuenta que el dictador en cuestión era gallego, como Rajoy, no hace falta que les diga que la hipótesis de que un hijo de Galicia vuelva a gobernar España precisamente un 20-N promete grandes momentos de humor. ¿Verdad?.
Jaime I dió nombre, con el tiempo, a un destructor que bombardeó Ceuta durante la Guerra Incivil. Y ahora lo que bombardea, directamente, es nuestra paciencia. No el destructor, sino el barco de pasajeros. Fue especialmente cachondo montarme en el Jaume I -cosas del bilingüismo-con un curioso anuncio de la Generalitat Valencia serigrafiado en uno de sus costados el día en que la CAM pasaba a ser intervenida por el Banco de España. Curioso barco ese, con los émulos de Manolo Sáiz (venga, venga, venga va) llegados desde el Este dirigiendo el Scalextric. Perdón, garaje.
Es como lo de la candidatura olímpica de Madrid. A mi, que presento grandes dosis de cabronina en vena, lo que me entusiasma no es ver al Usain Bolt de turno arrasando La Peineta. Lo que de verdad me gusta es que alguien en las intentonas para el 12 y 16 decidió que el tiro olímpico iría a Paracuellos del Jarama, aludiendo a la "arraigada tradición del lugar". Con un par.
Y el remate ha sido la convocatoria electoral. No había mejor fecha. No. El 20 de noviembre. La coña de Elecciones Generalísimas ya arrasa en internet. Ayer, un buen amigo más rojo que el Bitter-Kas, me decía que era un incentivo para mover a las bases que Rubalcaba (o Rubalcalva, como he leído en alguna ocasión) fuera presidente electo el mismo día en que el del Brazo Incorrupto de Santa Teresa selló el pasaporte. Claro, que si tenemos en cuenta que el dictador en cuestión era gallego, como Rajoy, no hace falta que les diga que la hipótesis de que un hijo de Galicia vuelva a gobernar España precisamente un 20-N promete grandes momentos de humor. ¿Verdad?.
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