lunes, 2 de junio de 2014

¿La hora de los Rolling?

La abdicación del Rey se hizo pública ayer, pero posible e involuntariamente el primer paso se diera hace un año y medio. Concretamente, cuando Benedicto XVI anunció la suya propia. Si la cabeza visible de la institución más antigua del mundo era capaz de renunciar a su apostolado, si la cristiandad vivía momentos de sede vacante sin cadáver de por medio en seis siglos ¿qué impediría que un Rey pudiese hacer lo propio?. Desde entonces tres reyes europeos -los de Bélgica, Holanda y ahora España- se han "marcado un Ratzinger".
Como en el caso del Papa alemán, la abdicación llega en el peor momento. A Ratzinger le acosaban las filtraciones y los casos de pederastia; al Rey la crisis económica más corrosiva en décadas y la corrupción, empezando por su propia familia. Y ambos, en sus mensajes, hablaban de la falta de energía y la necesidad de nuevos tiempos para justificar su histórica decisión.
¿Cabe, pues, prever, un "efecto Francisco" en el reinado de Felipe VI?. Sería aventurado predecir nada, pero el sentido común más elemental apunta a que el cambio no puede ser una mera sustitución de caras. El futuro Rey Felipe VI debe saber interpretar en el presente los retos para el futuro rompiendo sin fracturar con el pasado.
Si sostengo y escribo ahora que la posibilidad de un Gobierno de concentración nacional es más palpable que nunca. Felipe VI tendrá que asumir casi cuarenta años después el papel de su padre, pero a Rajoy probablemente le quede jugar el rol de Arias Navarro. Quizá sea el momento, pues, de un gran consejo de sabios sin ambición política; de tecnócratas que asuman la complicada tarea de gobernar renunciando a cualquier aspiración futurible y con dos mandatos: cumplir con los asuntos meramente administrativos y reformar todo lo reformable. España evoluciona, si o si, a un Estado Federal y a profundas reformas en estructuras ya antiguas del Estado.
¿Quien al frente?. Alguien con prestigio en Europa y que lleve décadas peinando canas. No tengo más fuente que mi propia elucubración, pero se me ocurren tres o cuatro "viejos rockeros", auténticos Rolling Stones de lo público ociosos en este momento. Una alianza de viejos para que los cuasi cuarentones tengan el camino despejado de minas en las próximas generaciones. Atentos, pues. Vienen tiempos difíciles pero, desde luego, apasionantes.

lunes, 26 de mayo de 2014

El gato que se asusta ante el espejo

No sé si ustedes han convivido alguna vez con un gato. Si no es así, se lo recomiendo encarecidamente. Así podrán reirse, por ejemplo, cuando el animal se pone delante de un espejo, se le hincha la cola y se asusta de lo que ve hasta el punto de que puede empezar a maullar o gruñir a su propio reflejo. Sin ser consciente de que lo que está viendo es su imagen.
Algo parecido le ocurre a Europa. Se mira hoy ante el cristal y da un salto hacia atrás en medio de agudos alaridos. Sin percatarse ni asumir que lo que está viendo es el reflejo de un modelo caduco, anclado en 1968 y que no ha asumido aún que el centro del mundo en este siglo no está en el Viejo Continente, sino en el Pacífico. Inocencio Arias daba por buena hace algunos años en una entrevista en Ceuta en la Onda la teoría de que el tradicional teléfono rojo tendría dos extensiones más, Brasilia y Pekín, en el siglo XXI. Ninguna, como ven, en Europa, la antigua evocadora y hoy desilachada Europa.
Que Francia, campeona de los derechos cívicos en el último medio siglo, se entregue a los herederos del nazismo es preocupante. Pero quita el sueño saber que el Frente Nacional ha arrasado con el voto obrero y de la emigración como parte fundamental. Qué el Reino Unido, líder de una heróica resistencia contra los fanatismos registre un apoyo del 22% a partidos de extrema derecha, descoloca. Y en Grecia, cuna de la civilización, Samaras se diluye entre comunistas y neonazis. Sólo resiste con dignidad Angela Merkel. El resto de los gobiernos europeos muerden la lona o celebran seguir de pie. Se habla con normalidad de triunfos de la extrema derecha y casi es noticia que los europeístas hayan ganado unas Europeas en Holanda. 
Y España. En un país tan condicionado por los dictados de Bruselas, el 55% decide que tiene cualquier cosa mejor que hacer que ir a votar. Lo que nos deja una peligrosa fractura entre política y ciudadanos que ni siquiera el auge de nuevas formaciones puede disimular.
Y el 45% de los ciudadanos que si hemos ido a ejercer nuestro derecho al voto, dibujamos un panorama ciertamente ingobernable. El PP gana, si, pero por incomparecencia de un rival qué parece entregarse a ir de derrota en derrota hasta la victoria final. El PSOE no tiene un problema de vendedor. Lo tiene de producto. No les bastará sólo con "susanar" errores. La autocrítica puede ser dolorosa, pero es la única opción que les queda a los socialistas si no quieren enfilar el camino de la UCD de modo irreversible. 
Las Elecciones Europeas nos dejan un preocupante mapa en Cataluña. Es cierto que el 44% vota por formaciones proclives a la independencia. Quizá, por la tradicional ambigüedad del cuerpo electoral de CiU, habría que reducir el porcentaje. Bien es cierto que, pese al ascenso de los electores, el 54% de los catalanes se queda en casa, y que ni sumando los votos de republicanos y coaligados se puede hablar de una amplia mayoría. Pero queda claro que dar por bueno esto y ponernos a silbar sería como dar aspirinas contra la metástasis. Algo se debe hacer en Cataluña, más cuando PP y PSC firman resultados ridículos que son deprimentes si vemos la proyección a generales. La teoría del  incendio por exceso de combustión que parece haber acuñado Rajoy se revela errónea. Llega el momento de los sibilinos: o la tercera vía o confiar en que la gestión desmonte la ideología en el caso de un eventual gobierno de Junqueras, toda vez que Mas aparece amortizado, sin estar muy convencido de ir donde dice querer y sabiendo que no puede dar marcha atrás.
Las elecciones europeas nos dejan además a partidos que crecen por debajo de sus expectativas, como UPyD o IU, que tendrán que coaligarse o asumir el frenazo con Ciudadanos o Podemos, respectivamente. Y de Pablo Iglesias, decir que habrá que darle el beneficio de la duda. Es joven y rezuma carisma, más ese aire de bolchevismo y sus contínuos guiños al mundo abertzale recomiendan prudencia. Pero eso sí: ha enterrado la campaña clásica y demostrado que, sabiendo manejar las redes sociales y posicionarse en los medios, se llega más lejos que repartiendo sobrecitos en el mercado o buscando el puerta a puerta. para atiborrar al personal de  mecheros y globitos. Pese a que la Ley D'Hont y la -nada descartable- posibilidad de que Municipales, Autonómicas y Generales coincidan el próximo año reforzarán al bipartidismo en esos comicios. 
Como a la mítica Casandra, al escribano le queda el consuelo de decir "lo advertimos". El buenismo, y hoy Europa me da la razón, es el principio del fascismo.

sábado, 24 de mayo de 2014

La Décima en cinco puntos

1) Cuando un equipo asume que es mejor celebrar triunfos propios que derrotas ajenas, firma un contrato con el éxito. Cuando se recuperan valores de club, los laureles reverdecen. Ese es el éxito del Atlético: campeón de Liga y subcampeón de Europa. Que estén de vuelta en la élite es de celebrar
2) Eso mismo es válido para un Real Madrid demasiado acomodaticio en los últimos años. En algún lugar de ese vestuario, entre caras gominas y fichajes multimillonarios, aún vivía la forja del barro en la que se cimienta su leyenda
3). Magistral el Atlético como Ancelotti en los cambios. Isco dió más circulación al balón y Marcelo obligó al Atlético a renunciar a las bandas. Morata necesita madurar, pero esta final demuestra, pese a la victoria, que Benzemá no es jugador para el Madrid
4) El Atlético dejó respirar a su rival cuando este besaba la lona. Dejó a Modric suelto, aflojó en defensa y trató de perder tiempo durante toda la segunda mitad. Caro y excesivo lujo para un Madrid que jugaba, a fin de cuentas, su competición.
5) Finalmente, Ancelotti es el domador de fieras que nos vendieron hace un año. Yo dudaba, y ahora me retracto, sobre si era o no el entrenador adecuado. Ahora bien: la historia de 10 Copas de Europa no merece numeritos como el de Cristiano enseñando los músculos -marcó, de penalti, cuando el partido estaba ganado; no apareció antes- ni el de Florentino cual hincha en el palco. La mujer del César no sólo debe ser honrada, sino parecerlo
PD: Lástima que Gales no vaya al Mundial. Porque, a día de hoy, el Balón de Oro debería estar entre Gareth Bale y Diego Costa. 

martes, 13 de mayo de 2014

Confieso que he llorado

No nos engañemos. No me hacía especial ilusión que vinieras, porque daba por hecho que me encariñaría contigo y tendría que vivir tu partida. Pero también sabía que eras parte innegociable de un pacto de convivencia suscrito hace casi dos años y que, más que una coalición, lo nuestro sería un tripartito.
Tal y como lo temía, te fuiste. Casi sin darnos tiempo a despedirnos, y fiel a ti mismo, a ese carácter altivo y luchador que mantuviste hasta el final de tu camino. Y se que no te puedo mentir: nos has visto llorar como niños desde ese rincón del cielo al que siempre llegáis vosotros y rara vez los banqueros.
No pienses, querido amigo, que hemos tratado de sustituirte. Sabes que sería y será imposible. Pero hubo algo que me convenció: una foto de un semejante tuyo, de apenas tres meses, que necesitaba un hogar. No ha transcurrido el suficiente tiempo para cerrar la herida, pero hay que seguir adelante como hubieras querido que lo hiciéramos.
El nuevo y nosotros aún andamos de adaptación. No es fácil y lo sabes, porque tu también lo viviste. Pero quiero que sepas que lo hemos hecho como nuestro mejor homenaje a ti: darle a otro la vida de cuidados y atenciones que disfrutaste y merecías.
Me dedico a una profesión que, en ocasiones, puede ser muy desagradable. Cuento, y veo a diario, historias de desahucios, de gente que lo pierde todo, de asesinatos, de injusticias, de fenómenos naturales,  de trinques y trincones; del odio y las vísceras hechas ideales políticos. Me preocupa, sinceramente, mi futuro y el de los que vendrán.
Por eso, lejos de encallecerme, sabes bien que eras el ratito de esa ternura que todos necesitamos y es terapéutica para el alma. Tú, y tu carácter agriado, que nos hacían reír tanto. Se que pensabas que te lo quite todo. Pero espero que ahora entiendas que no fue así.
Si, confieso que he llorado. Como un niño, pese a mis casi cuarenta años y casi dos metros de altura. Y no me da vergüenza: si pierdo la capacidad de extrañar al mejor gato del mundo, no sería yo. Como suena: no se si parece frívolo en medio de estos años de histeria, pero es así.
No te preocupes, que al otro lo cuidaremos como a ti. Y algún día se que os veréis. Y espero que coincidáis en que tanto tu como el habéis tenido la mejor vida: con respeto, sin excentricidades, pero con todas las atenciones. Hasta siempre, Mischi. Bienvenido, Don Vito.

sábado, 15 de febrero de 2014

La playa de la muerte

A principios de aquellos años 2000 en los que no mandar el niño a Dublín a practicar el inglés en verano, no veranear fuera o no tener televisión de pago era síntoma de andar canino, mi amigo Mohamed Laarbi me llamaba a la redacción de El Pueblo de Ceuta de cuando en cuando para hacerme ver una queja que los vecinos de Príncipe Alfonso le hacían llegar a la Asociación que entonces dirigía: la playa del Tarajal. Decía que era la más antigua de Ceuta, que estaba abandonada y que a los vecinos del hoy televisivo barrio les asistía el derecho de tener tan cerca y tan en condiciones su playa como nos pasaba a los del Polígono con el Chorrillo o a los del centro con La Ribera. No era, por desgracia, el único problema del Príncipe ni  por supuesto el más grave, puesto que el escenario de los amoríos de Hiba Abouk y Alex González se ha ido cocinando durante años y a fuego lento. Pero si recuerdo aquellas conversaciones.

La playa de El Tarajal es un lugar bello. Como tantos en una ciudad privilegiada con los mejores atardeceres del mundo.  Pero a veces, como el caso, el capricho de la naturaleza es un manto sobre historias de miedo y desolación. Es la España Vinícola, lugar de un crimen que estremeció a la Ceuta de los sesenta. Es el lugar de espectaculares puestas y nacimientos de sol donde un cinco de septiembre mataron a un hombre bueno llamado Antonio Sánchez-Prado junto a algunos de sus colaboradores.

La playa de El Tarajal invita a mirarla con el sol cubriendo de rosa cualquier atardecer de poniente; a  fijarse en aquella Piedra del Pineo en cuya base pusieron los pescadores una Virgen del Carmen. A ella bajan cada 16 de julio a pedirle con flores protección para los muchos marineros que salen a faenar. Y, supongo, que perdón para aquellos que se tragó la mar, como los protagonistas de aquel 12 de diciembre a los que se honra cada año en forma de villancico, como esos hombres del mar que fallecen en los doce meses anteriores y a los que siempre se dedica la primera "levantá" de la Estela de los Mares, para luego ir parándola frente a las casas donde falta alguien por primera vez.  En ese barrio donde se establecieron los pescadores tras el fin del Protectorado. Hay un curioso llano con palmeras y restos de escombros, donde a mediados de los 80 murió Hassan, aplastado mientras dormía en su barraca por un muro de contención que arrastró el levante. Por no hablar de la pequeña arrollada por un vehículo durante  el pasado verano.
   Momento del rescate de un cadáver el 16/02



Pasear por Martínez Catena hasta la frontera es, además de un sano y concurrido ejercicio, recorrer un camino de olor a salitre, últimos vestigios de la pesca artesanal o hermosos rincones para la fotografía. Y a veces, como esta mañana, encontrarte un remolino de curiosos y cuerpos policiales contemplando como el mar devuelve a un hijo del hambre más, otro golpe a la conciencia de quienes han hecho este mundo y los que nos quejamos de cuestiones frívolas en comparación con lo que el paisaje nos ofrece. Y ella sigue ahí, como testigo silente de la vida y la muerte. Tan injusta la primera como democrática la segunda.

lunes, 16 de diciembre de 2013

Avenida del General Escobar


Que nadie malinterprete lo que van a leer a continuación: ni una sola objeción a la propuesta de Caballas para que la Plaza de la Manzana del Revellín lleve, desde fechas próximas, el nombre de Nelson Mandela. El ejemplo de este hombre debe trascender –ya lo ha hecho- su propia vida y país, y no parece mal honrar la memoria de uno de los grandes líderes mundiales de todos los tiempos en tiempos en los que, quizá con la excepción de Obama o el Papa Francisco, andamos escasitos de ellos. En Europa Hollande, Cameron, Rajoy o Enrico Leta presiden sus países, si, pero más que líderes parecen encargados de la planta de caballeros de unos grandes almacenes. La figura de Madiba, en tiempos en los que todo parece fracturarse, puede ser evocadora no sólo en los suburbios de Ciudad del Cabo, Pretoria y Johannesburgo, sino en cualquier parte del mundo.
Pero me gustaría, precisamente por esos valores de nobleza y generosidad, sugerir modestamente dos nombres al siempre complicado debate del callejero. Uno de ellos nació en Ceuta y el otro a miles de kilómetros de distancia, pero si somos personas amantes de la democracia y la dignidad encontramos muchos lazos de unión entre ambas figuras. Por diferentes motivos, ahora verán, son figuras de cierta vigencia en estos tiempos.

Años después de que muriera en las cercanías de la Iglesia de Los Remedios Agustina de Aragón, nació en ese mismo edificio Antonio Escobar Huertas. Perteneciente a una familia militar, era muy de derechas y muy católico, de los de misa diaria. Un 18 de julio de 1936, le llegan noticias de la sublevación en la tierra que le vio nacer. Escobar estaba al mando de la Guardia Civil en Barcelona y mandó formar a todos los efectivos disponibles para recorrer la Via Laietana, que conecta el puerto con el corazón de la Ciudad Condal. Ahí mando llamar al presidente Lluis Companys, que muerto de miedo y sudoroso recibió al mando de la Benemérita. Supongo que Companys estaba preparado para todo menos para aquel guardia se le cuadrara con un “A sus órdenes, señor presidente”. Escobar, que ideológicamente se parecía tanto a  Companys como un gato  a un piano, prefirió seguir adelante con su código militar y permanecer fiel al mando al que debía obedecer. Años más tarde, ambos compartirían destino: los dos únicos fusilados en el castillo de Montjuich por orden del general Franco. Escobar, irónicamente,  con honores y pidiendo que no hubiera rencor sino perdón cristiano para aquellos que le quitaban la vida. Supongo que al Bello Artur no le han contado, o quizá no quiera recordar, esta historia. Pero ese es un capítulo que aún está por escribir.
Antonio Escobar

El otro, probablemente, no sabría situar Ceuta en el mapa. Pero gracias a el salvaron su vida ceutíes como Antonia Castillo –primera mujer médico colegiada tanto en la Ciudad Autónoma como en la provincia de Burgos- o su esposo, el catedrático Luis Abad Carretero. Posiblemente también Manuel Martínez Pedroso, diputado en Cortes en el momento de la guerra incivil y que siguió ejerciendo como tal en el exilio. Se llamaba Lázaro Cárdenas Del Río, fue presidente de Méjico y nadie como el contribuyó tanto a salvar la vida de tantos y tantos españoles que tuvieron que huir de su país por ser republicanos o haber sido señalados como tales. Mandó enterrar a Azaña envuelto en la bandera mejicana, para que el entierro de un Jefe de Estado tuviera tal dignidad ante la negativa de la Francia de Vichy a hacerlo envuelto en la bandera republicana.
Mandela, por supuesto, pero por el ejemplo de uno y la deuda moral que siempre tendrá este país con Méjico por el excelente trato dado a ciudadanos españoles -independientemente de su ideología-, en la próxima lista de nombres para calles de Ceuta podría incluirse, ¿qué se yo?, la Avenida del General Escobar o la calle de Lázaro Cárdenas.

lunes, 21 de octubre de 2013

Mi compromiso

Yo, Juan José Coronado Navarrete, ciudadano español nacido en Ceuta el 18 de noviembre de 1977, quiero por la presente expresar lo que a continuación sigue:
1) Mi más rotundo rechazo a la decisión del Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo. No se trata de odiar, se trata de Justicia. Y hoy siento que con las víctimas de más de 70 terroristas y violadores no la ha habido. Y que no se vea esto como un avance o una "buena noticia".  Es una humillación, por mucho que las leyes lo digan, en toda regla a la dignidad de un país.
2) Ni quiero ni puedo perdonar. Afortunadamente, no me encuentro entre las personas que han tenido que llorar el secuestro y violación de una hija o hermana, ni me han llamado nunca diciendo que un familiar mío es un héroe por tener la mala suerte de comprar en Hipercor o estar destinado en Vic. Si los familiares de alguna víctima o una de estas lo quiere hacer, entiendo que son los únicos moralmente capacitados para hacerlo, tanto como para pedir justicia. Decidan lo que decidan, tienen mi apoyo.
3) Algo me dice que tengo que seguir confiando en las leyes y el estado de Derecho, aunque en esta ocasión hayan hecho renacer tantos momentos de llanto. Jueces valientes y decididos los hay. Pero me comprometo, también, en caso de reincidencia a recordar a quienes han firmado la sentencia y a los que los han jaleado aquellos versos de Víctor Jara tras la matanza de Puerto Montt: señor, su conciencia la enterró en un ataúd y no limpiarán sus manos toda la lluvia del sur.
4) Reniego públicamente de opciones tan deleznables como la pena de muerte como de los extremistas que tratan ahora de pescar en río revuelto. Pero pido a los representantes del pueblo que sigan adelante con las reformas que permitan a tipos como estos estar encarcelados de por vida. Si hace falta firmar, donde y cuando quieran.
5)  Si esto lo lee alguien con el alma partida desde una maldita jornada, entiendo que hoy es una jornada de derrota y de decepción. También lo es para mi, como para muchos millones de personas. Por eso sabed una cosa: estáis tristes, pero no estáis  solos. Es a lo más que me puedo comprometer: a no olvidaros, nunca, mientras la salud me lo permita. Ni a vosotros ni a los que faltan.