miércoles, 13 de febrero de 2013

He escuchado que el amarillo...

La noche del pasado sábado fue una noche de intensas emociones y coplas. Emociones con el homenaje a gente como Manuel Pardeza "Mané", Juan Sierra o Rafael García "Cardíaco", que lo han sido todo en el carnaval. Sin desdeñar a personas como Juan Sánchez Bagglieto, Alberto Mateos o Pepe Pozo. Emocíones que, en el caso de Javier Chellaram y muchos de los presentes, se tornaron en lágrimas escuchando las coplas de Imagineros 25 años después en el Revellín, mientras me cantaba  el hermoso homenaje que entonces, y al son de La Balada de la Trompeta, tributaba la comparsa de Chiqui al desaparecido Miguel Bao. Emotivo fue también el recuerdo de un hombre bueno, como Maimón Abdelkrim, que allá donde ande -seguro que con el uniforme mal puesto y abroncando a algún paciente quejoso- se llevó el mayor de los aplausos de la noche. Por no hablar de la guasa de Dudú y su burro y de un ejemplo de coherencia y dignidad llamado José Borja González "Niño del Sardinero", que paladea en vida las mieles de ser profeta en su tierra.
Eran todas las que estaban, pero no estaban todas las que eran. Sigo defendiendo la necesidad de semifinales y final, aunque ello suponga el trago amargo -que podría haber recaído en cualquiera- de que alguna agrupación se quede sin cantar. El carnaval, como la vida, es una noria que da vueltas sobre si misma y seguro que el próximo año nos alegraremos por los que estén y echaremos de menos a los que no pasen el corte del Jurado.
                                          Pregón de Imagineros (Foto: Quino/El Faro) 
La presentación de Manolo Casal y Modesto Barragán fue un auténtico espectáculo: independientemente de la gran valía profesional de ambos, se nota cuando alguien está a gusto en un sitio. Como lo hicieron el Sheriff, hiperactivo como siempre sobre el escenario, y su gente. Será que uno va para viejo y a la Tacita de Plata la quiere, y no sólo en carnaval, pero también muchas de esas coplas pegaron el pellizco.
Qué si el Vaporcito del Puerto, que si "Yo admiro el doble sentido" -letra para enmarcar-, que si el estribillo de "Tres notas musicales". Y, como no, el inmortal himno del Cádiz compuesto por Manolo Santander para "Los hermanos Peperoni" en 1998.
El himno habla de una afición que sabe que nunca celebrará títulos ni apenas nada que no sea ver a su Cádiz otra semana más en el Carranza. El himno es de un equipo que forma parte de mi imaginario en aquellos años en los que te aficionas al fútbol de manera que esas alineaciones te quedan más recientes que las del pasado domingo. Szendrey, Carmelo, Cortijo, Barla, "Chico" Linares -impagable la guasa de  esa pancarta de "No te vayas al Milán" dirigida a el-, los Mejías, José González, Manolo Villa y el mejor jugador que ha pasado por España: Mágico González. Me retrotrae a aquellos finales 80 en que deje de ser niño, España se sentó delante del televisor para ver la boda de Cristal , acojonarse con la invasión de Kuwait y  oir hablar por primera vez de algo que se llamaba corrupción.
Pero inmediatamente, me vino a la memoria otro pasodoble. Que tomaba como referencia el himno -no oficial- del Cádiz. Y que habla de otra afición menos acostumbrada a celebrar nada. Y cada vez más minoritaria. Y por ello irreductible.

Mi equipo, mi verdadero equipo, nunca jugó en Primera. Mi equipo, el de verdad, apenas nos ha dado alegrías. Entre todos lo mataron y el solito se murió. Pero yo he visto a Sandro Marqués, Silas o  Gilson Silva, y a Pedro Iarley antes que La Bombonera. Aún recuerdo el penalti fallado por Pedro Ríos frente al Mallorca, el aplauso del Murube al gran Carles Puyol y la carta heráldica de Pérez Riverol, autor de la mayor infamia -y he visto unas cuantas- perpetrada por un árbitro. Y cuantas veces no me habré preguntado como habría cambiado la historia si Javi Navarro dispara un segundo antes o Rafa Ponzo se tira un segundo después una triste tarde en Girona.
Mi equipo, el Ceuta, se diluyó entre deudas, intrigas, cainismo y errores de cálculo. Y tuve que pasar, hace doce meses, el mal trago de ser el primero en hablar de impagos, deudas y de una situación inhumana: gente que trabajaba en el bar del cuñado o en la urbanización del padre como jardinero para poder sobrevivir esperando un sueldo que tardaba en llegar.
Mi equipo, el que representa a Ceuta, es ahora el Atlético, como la Asociación heredó el hueco de esa Agrupación de Almagro, Cerezo, Manolo Pérez Santana o Jorge Antelo. A mi equipo, el de Chicha, Mezquini, Crespo o Paco Anta se le han caído, incomprensiblemente, las rayas rojas de la equipación y sufre los desaires de una guerra absurda de la que solo saldrá perjudicado el fútbol. Porque otros dirigentes llegarán a todos los estamentos, pero el balón seguirá rodando.  Pero mientras sea el de Ceuta, será mi equipo. Y con todo mi cariño a Cádiz y al Cádiz, que se queden allí con Manolo Santander y su magnífico pasodoble. El mío, el que escribió Josemi Romero, termina pidiendo "y en Ceuta también se grite: vivan los Caballas, vivan sus cojones". Pues eso....

lunes, 11 de febrero de 2013

El barrendero de Dios

Demetrio Madrid se disponía a dar una rueda de prensa en el Parador "La Muralla" sobre su participación en la semana de actos culturales de la Casa de Castilla-León en Ceuta cuando, a golpe de sms, los periodistas dejamos al ex presidente socialista de la Junta plantado delante de los micrófonos. Recuerdo que me dió tiempo a ver la cara de poker del antecesor de Constantino Nalda en el gobierno regional mientras recorrimos, casi a paso legionario, los escasos metros que nos separaban de la cafetería. Ahí nos apiñamos para ver algo novedoso para los hijos de la transición: la fumata blanca en la Plaza de San Pedro. Era un 19 de abril de 2005, y el protodiácono Medina Estévez anunciaba al mundo que el sucesor del carismático Juan Pablo II era su mano derecha. Joseph Ratzinger, Benedicto XVI.
Hoy, en la crónica de su renuncia, me ha venido a la memoria una frase del entonces vicario general de Ceuta, Francisco Correro, que nos advertía a un par de informadores que "tuviésemos cuidado con los papados de transición", en referencia a la avanzada edad del nuevo sucesor de Pedro. "Suelen dar -nos decía- más sorpresas de lo esperado".
De transición fue considerado el papado de Juan XXIII,  que sin embargo fue capaz de convocar un Concilio para meter a la Iglesia en el Siglo XX. Y ahora, la realidad da la razón a "Curro" Correro.
Imagen de "Reuters" publicada por elmundo.es

La imagen pública de Ratzinger ha sido apenas una sombra de su carismático antecesor. Sin embargo, el papa alemán será recordado como un sólido intelectual, como un hombre que fue capaz de preferir el retiro discreto a la agonía televisada. El aún Papa se ha tenido que enfrentar a varias ciclogénesis perfectas durante su Pontificado. La mayor crisis financiera que se recuerda desde la II Guerra Mundial, la revelación de varios secretos por parte de su mayordomo y, sobre todo, el estallido de los casos de pederastia y la vomitiva sensación del silencio durante años y años que le llevaron a pedir perdón y a iniciar -nunca sabremos si por convicción o desbordado por las circunstancias- una "limpia" interna que le llevó a disolver en la práctica a los poderosos Legionarios de Cristo. Añádanle que la Europa cristiana camina hacia el laicismo y la secularización mientras otras tendencias religiosas van ganando peso; es el mismo reto al que se enfrenta la Iglesia Católica con los evangelistas en América Latina, donde todavía brillan rescoldos de la Teología de la Liberación y el crecimiento del islamismo radical en Africa y  piensen que esto ha estado en manos de un señor octogenario y con problemas renales antes de calzarse las Sandalias del Pescador. Su papado de transición incluye también encontronazos con el Islam, una incómoda foto con el uniforme de las Juventudes Hitlerianas y haber abierto si no ventanas al menos rendijas sobre las finanzas vaticanas y relajar el mensaje oficial en torno a cuestiones como la homosexualidad, el preservativo o el SIDA.  Por no hablar de una encíclica de hace un par de años sobre la crisis económica muy merecedora de leerse con detenimiento. Desde luego, demostraba más apego a la realidad que muchos elegidos por legiones de parados.
Sólo Ratzinger sabrá cuales son los verdaderos motivos que le han llevado a renunciar. Pero como decía el entrañable ex vicario ceutí, los papados de transición suelen dejar más sorpresas y motivos para la Historia de lo que se presupone. Benedicto XVI no fue nunca simpático ni carismático, pero nadie podrá negarle nunca haber dado el paso más dificil en muchos caminos: el primero. Y al final dimitió, dejando una lección a quien quiera interpretarla: si no se está en condiciones de ejercer un cargo tan importante como el suyo -teóricamente, habla en nombre de Dios a 1.200 millones de personas- lo mejor es echarse a un lado. Que  cada cual recoja el guante a su manera.
El barrendero de Dios deja la Sede Vacante, esperando andar el final de su camino vital entre las sombras de la plegaria. Desde la inexistencia mediática. Posiblemente,  en los próximos días veremos, si no lo hemos hecho ya, su última imagen en vida. A su sucesor, necesariamente joven, le corresponderá continuar los tímidos pasos emprendidos por el. La Iglesia necesita, más que nunca, un golpe de efecto y el mundo buenas dosis de liderazgo. Apuesten, pues, por Filipinas o América latina como origen del nuevo sucesor de Pedro. El barrendero de Dios ya ha limpiado parte de la suciedad. A su sucesor queda ahora terminar la tarea y sacarle brillo para que hasta los que nos fuimos por la hedionda peste a mercaderes nos planteemos volver algún día al templo.

lunes, 4 de febrero de 2013

No quiero ser finlandés

No me pregunten por qué, pero creo en este país. Qué es tanto como afirmar que creo en nosotros mismos: un país no es sólo el gobernante de turno, sino también la sociedad que lo compone. Y esta ha dado suficientes muestras de fortaleza, de cohesión y de madurez en los últimos años cómo para convencernos a todos de que este no es mal sitio.
Ha sido la sociedad civil española la que se ha movilizado, como nunca, para recoger ropas y víveres de primera necesidad para ayudar a la gente que esta pasándolo mal. Quizá porque muy pocos no ven como cierto el riesgo de verse algún día como desempleado sin hogar, quizá porque más que la imagen de contenedores ardiendo y piedras volando gustará mucho a algunos, pero la gente ha preferido ir a lo práctico.
Creo en este país, porque nuestros son los mejores científicos -enumerarlos, afortunadamente, sería tan larga como los Reyes Godos- y porque seguimos siendo líderes en donación de órganos. Creo en este país porque la generación, ya pensionista, que antecede a la mía da una enorme muestra de abnegación, sacrificio y dignidad estirando cada vez más una pensión corta y recortada.
Creo en España, porque la historia demuestra que cuando esta sociedad diversa, cainita y ecléctica mira en una dirección, es imparable. Y no sólo hablo del fútbol o el baloncesto, efectivamente ejemplares para generaciones de españoles.
No quiero ser finlandés, por muy de moda que esté pedir la nacionalidad finesa en las redes sociales tras el último reportaje de un comunicador enorme, como Jordi Évole. Está de moda criticar a los políticos, el enchufismo, la corrupción y todo lo que se mueva. Pero ¿nos hemos parado a pensar que los que gobiernan no lo hacen por ciencia infusa, sino que los elegimos nosotros?.
Creo en este país porque el movimiento del 15-M -más hermoso cuanto menos perrofláutico- ha conseguido interesantes logros: los desahucios no son ya terreno abonado para banqueros sin escrúpulos. Creo en este país por mil y una historias. No: no quiero ser finlandés. No deserto de España: sólo pido que meter la mano en caja común sea saldado con la cárcel, sin fianza ni reducción de condena, y que no sean flexibles con los ladrones del cuello blanco las leyes ni quienes las aplican. Más que nada, para que la gente no tenga la tentación de medrar, trincar, pasar unos añitos a la sombra si te pillan y luego disfrutar de pingües beneficios y de cierta notoriedad social. Porque ¿cuantos de estos que quieren ser finlandeses apagaron la televisión cuando concedieron jugosas -y caras- entrevistas Luis Roldán, Violeta Santander o Julian Muñoz?. Por ahí se empieza...

martes, 15 de enero de 2013

Un hombre de club

Conociendo al personaje, no hay un sólo motivo para pensar que José Mourinho seguirá la próxima temporada en el Real Madrid. Con la Liga sentenciada por parte del eterno rival, caben dos finales de campaña para los blancos. Una: completar el desastre con una eliminación ante el Manchester y un K.O. copero. Y la siguiente, hacer bueno lo que viene rumiando el madridismo desde hace meses: que las tres Champions de la quinta de Raúl llegaron en años en los que el club blanco ofrecía una imagen deplorable en Liga. En cualquiera de los dos supuestos, insisto, se justificaría que el portugués tomara rumbo hacia Italia o -lo más probable- de nuevo al Reino Unido.
Mourinho no es el típico individuo al que cualquiera invitaríamos a cenar por navidad, pero hay que decir que el "talibanismo antimou" está cometiendo excesos de bulto. Por muy entrenador del Real Madrid que sea, por muy desagradable que resulte en el trato con la prensa, por muy altanero que sea con sus rivales, tiene derecho a su privacidad y a que el rostro de sus hijos siga siendo anónimo.
Ante el abandono de Mou -por éxito o fracaso, sonados ambos-, cabe preguntarse que andará en la cabeza de Florentino Pérez para reemplazar al de Setúbal. Primará la excelencia, dirán en la zona noble de Concha Espina, pero esa misma excelencia la habían vendido en otras ocasiones y resultaron ser auténticos petardazos: Carlos Queiroz o Vanderlei Luxemburgo como casos más sonados, para un club que no perdonó a Pellegrini ser segundo con ¡¡96 puntos!! en la clasificación.
Al Madrid le hace falta, pues, un hombre de club. Qué tampoco garantiza nada, pero que sea un símbolo para los blancos. Qué consiga que el jugador que entre en el vestuario tenga respeto sólo de verlo. Qué no necesite que nadie le explique la tradición de remontadas, lucha hasta el final y pertenencia a unos colores porque el, y más que nunca, haya sido cocinero antes que fraile.
Eso funciona: Guardiola en el Barça,  Simeone en el Atlético, Mel en el Betis o Manolo Jiménez en el Sevilla lo han demostrado recientemente, como lo hizo Pochettino en el Espanyol hasta que se enfrentó con más jugadores de la cuenta mientras le iban desmantelando cada vez más la plantilla. O, por qué no decirlo, Pablo Laso en la resurgida sección de baloncesto.
Un entrenador que no tenga que ganarse al Berbanéu, porque en cada asiento haya alguien que lo haya visto jugar u oído hablar de el. Defenestrado Míchel en el Sevilla, podría parecer la mejor opción. Pero si de mi dependiera, entre Hugo Sánchez y Laudrup andaría el juego. Han hecho cosas interesantes como entrenadores, han sido santo y seña del madridismo. Conocen mejor que nadie las rivalidades y odios que genera el club blanco: en su época de jugador, uno vino del Manzanares y el otro del Nou Camp. Igual no son excelentes o galácticos, pero desde luego nadie les va a tener que explicar para que luego se lo transmitan a sus jugadores que, como diría Juanito, "noventa minutos en el Bernabéu son molto longui". 

martes, 8 de enero de 2013

Esperando el Clausura

Siempre me ha resultado llamativo que en Sudamérica, sobre todo en Argentina y Uruguay,  el campeón de Liga quede en un segundo plano. Lo importante es el ganador del Apertura y del Clausura; es decir, de la primera y segunda vuelta. Algo en España meramente anecdótico y raramente reflejado en los medios de comunicación salvo para cuatro estadísticas frikis. Es cuestión de tradiciones y raigambres que, desde el respeto, nunca entenderé. Como tampoco  me termina de llenar aquello de que un equipo pierda la categoría no por estar entre los últimos de la clasificación sino por la media ponderada de las últimas cinco temporadas. En fin: Argentina sabrá y River seguirá herido para los restos.
Sin embargo, pienso que este año sería más operativo que en España tuviéramos un Apertura y un Clausura. Porque si no es por eso, lo que resta de Liga va a ser un auténtico sopor. Un Barcelona que en diciembre es prácticamente campeón -¿le suena eso de algo, señor Valdano?-, un Atlético que no acaba de llegar y un Real Madrid aferrado a la épica de la Champions como única manera de tapar una temporada vergonzosa en lo liguero.
Mirando a la Casa Blanca, todo parece reducirse a la plena incertidumbre. La misma que llevó a Florentino Pérez a ser candidato de nuevo a la presidencia tras los dos años de Ramón Calderón. Por cierto, con una inversión menor en fichajes y el mismo número de títulos -tres- en menos tiempo. Sin embargo, la guerra civil no declarada entre Mourinho y Casillas convierte al cuadro blanco en un esperpento que amenaza con llevarse, también, por delante al "ser superior".
No creo en los niños bonitos ni en el vedettismo. No creo  que nadie sea eterno. De ahí que lo escandaloso de la suplencia de Casillas no sea el "jarabe de banco" recetado por el portugués, sino la humillación tanto al capitán del equipo como a un portero, Adán, nervioso, cuestionado y que aparece como menor y culpable ante el Santiago Bernabéu. Hubiera resultado, quizá, más lógico el fichaje de un portero joven y de garantías -Andrés Fernández, Roberto, Guaita- a principios de temporada para ir moderando poco a poco la salida del arquero de Móstoles. Mourinho ha encumbrado, aún más, a Casillas y ha hundido al bueno de Adán, que pasaba por ahí.
Con Casillas o Adán, el Madrid adolece del mismo defecto:  porteros ágiles, inseguros por arriba y horrorosos con los pies, pero de igual modo una defensa fallona, que sigue encajando goles a balón parado y tras jugadas de estrategia domingo si, domingo también. El debate de la portería no puede tapar el resto: el club blanco ha preferido a gente como Esssien o Modric antes que jugadores como Carvajal o Granero. Menos dinero en caja y la misma o menor calidad en el campo.
Mourinho es un enamorado del fútbol directo: de la defensa a la delantera sin estar en el medio más tiempo de lo necesario. Es decir: de  un juego en el que el talento pasa a un segundo plano ante la fuerza o la velocidad. Es un buen estilo, pero pretender llevarlo a cabo con gente como Ozil o Benzemá, confiado al estado de gracia de Cristiano Ronaldo y con jugadores como Xabi Alonso con tendencia a recrearse parece, como mínimo, contradictorio. Afortunadamente, al Madrid le queda Khedira. Inconmensurable.
Posiblemente, porque soy de la generación que vió hacerlo al PSV, el Chelsea o el Madrid de Karanka, Conceicao y Geremi, este Madrid pueda ganar La Décima. Pero tanto si lo consigue como si no, lo mejor para el Madrid será que al día siguiente se produzca una limpia en toda regla. Qué, por cierto,  no se debe quedar en el vestuario o el banquillo.
Respecto al Balón de Oro: nadie duda de que Lionel Messi es un formidable jugador. Pero ello no calma la injusticia que supone que no lo haya ganado, aún, Iniesta: Cannavaro lo ganó a Ronaldinho y Sammer a Ronaldo por el hecho de haber sido campeones de algo con su selección.  Y para los que hablan a las claras de que La Pulga es el mejor de la historia, un dato. Tiene 25 años, y cuatro balones de oro, si. Pero con su edad, Diego Maradona y Pelé ya habían sido campeones del mundo, en dos ocasiones el brasileño. Y en aquella época, los sudamericanos no aspiraban a la pelota dorada..

miércoles, 19 de diciembre de 2012

Tito Vilanova y la maldita enfermedad

A veces, una de las peores cosas frente a las que puede luchar un enfermo, es contra el estigma de su propio mal. Aunque sea por causas naturales o biológicas: todos, más tarde o más temprano, seremos otra hoja más arrastrada por el viento. Pero hay enfermedades que suscitan el morbo, el marujeo, el libertinaje para mentes generalmente poco ocupadas y con grandes dosis de aburrimiento. Nada hay que guste más al ser humano que ver caer a su semejante. Algo tan consustancial a la vida como la muerte, la enfermedad o la derrota da alas al mediocre: "ahí va fulanito, con mejor trabajo y sueldo que yo, con una mujer más guapa que la mía y unos niños encantadores. Pero yo tengo salud, gracias a Dios". Doy fe de que he oído esa frase aterradora en más de una ocasión.
Antes, la gente no enfermaba ni moría de cáncer. Tenía "una cosa mala" o una "maldita enfermedad". Aunque sus síntomas fueran conocidos por todos; la familia y el enfermo, celosos de que la intimidad del paciente es fragil como un vaso de plástico, trataban siempre de ocultar lo evidente. No sólo por el morbo; es descorazonador, como trabajador, conocer historias de personas que han visto cerradas las puertas de un empleo porque no era rentable tener a un empleado de salud delicada.
Esto pasa en el mundo de los anónimos. Pero hubo un tiempo en que los famosos, los rostros perfectos e invencibles que nos acompañan a través de la televisión, empezaron a dar el paso adelante. A decir la verdad sin tapujos. A derribar, a golpe de comparacencia de prensa, murallas de aislamiento en torno a enfermos de cáncer, SIDA, bipolaridad o alzheimer. Fueron personas reputadas en sus trabajos; los que nos firmaban el autógrafo también enfermaban como el vecino de la despampanante mujer y los críos encantadores.
Un paso de proporciones impagables, en la lucha contra el alzheimer, de hombres como Ronald Reagan, Adolfo Suárez o Pasqual Maragall. De las historias que el último viernes de cada  mes nos cuenta nuestra "Gente corriente" en Ceuta en la Onda -por si les interesa, esta semana a las 13.10- sobre bipolares, obsesivos y esquizofrénicos. Es decir, sobre Ford Coppola, Isaac Newton o Albert Einstein. ¿Estos también son locos?, cabría preguntarse. De la valentía de Freddy Mercury, Rock Hudson o Earvin "Magic" Johnson: el SIDA dejó de ser una cosa de putas, maricones y drogatas de esquina cuando la gente del papel rosa enfermó de lo mismo.
Y el cáncer. La maldita enfermedad: Luciano Pavarotti, Rocío Jurado, Miki Roqué, Carmen Cerdeira; María San Gil, Utxue Barcos o Esperanza Aguirre. Josep Carreras o Eric Abidal. Y ahora, Francesc "Tito" Vilanova. El hombre tranquilo. El continuador sosegado -quien sabe si realmente arquitecto- de la obra más perfecta que ha conocido el fútbol mundial desde aquel Milan de  Arrigo Sacchi.
Tito ha recaído. Y no lo ha ocultado, pese a sus -lógicos- miedos en torno a sus hijos; a como lo llevarán y asumirán; como serán respetados. Tito, alguien a quien no conozco personalmente pero que parece un tipo centrado y normal, pasará mañana por el quiríofano. Y yo, "merengón" que nunca se sintió tan culé como hoy,  espero que sea para bien. Porque por edad lo merece. Y porque su ejemplo, de triunfador sobre el cáncer y campeón de la vida, puede arrancar aplausos en todas las plantas de oncología del mundo.Y nunca viene mal a tantos enfermos abatidos un espejo en el que mirarse.
Anims y Força, Tito.

martes, 4 de diciembre de 2012

Aquel Madrid, este Barça...

Tito Vilanova ha conseguido, hasta el momento, lo que parecía complicado hace unos meses: que su Barça siga funcionando con precisión de reloj suizo sin echar de menos a Guardiola. Y del mismo modo, la relación entre el Barça y el Madrid parece -afortunadamente- más tranquila y sosegada que hace unos meses. Cierto es que tampoco hay réplica desde Concha Espina, puesto que Mourinho tiene bastante con enfrentarse con el mundo como para distraerse con el eterno rival.
De hecho, el equipo del marqués ha firmado el mejor arranque de la historia de la Liga sobre quince jornadas. Superando, curiosamente, al Madrid de Antic. Sólo la tendencia suicida de muchos directivos impidió que aquel equipo blanco, que no brillaba pero cumplía con creces, acabase levantando algún trofeo esa temporada. Era el año 91/92.  Con bastantes coincidencias como estas:
1) El Barça supera en once puntos al Real Madrid, que suma tres derrotas. A las quince jornadas de la campaña 91/92, los blancos sumaban 27 puntos por los 20 del Barça. Ocurre que entonces los triunfos se premiaban con dos puntos. Por tanto, la diferencia sería la misma que hoy entre Barça y Madrid: 11 puntos. A aquella jornada el Madrid llegaba invicto y el Barça con tres derrotas.
2) En aquella ocasión, el Madrid sólo había cedido dos puntos, ambos en el Bernabéu -sendos empates ante Fútbol Club Barcelona y Real Oviedo-, al igual que el conjunto de Tito. Sólo un empate, precisamente en casa y ante el equipo rival.
3) El Atlético de Madrid emergía como alternativa en aquella campaña. A la jornada decimoquinta, también llegaban los colchoneros como segundos, y también habiendo perdido en campo del tercero. Entonces, el Barça, hoy el Real Madrid. Por cierto, que un rojiblanco -Manolo Sánchez- acabó aquel año como Pichichi. Parece complicado que Radamel Falcao desbanque al final a Leo Messi, pero...
4) El equipo que defendía el título había ganado en verano la Supercopa de España. El Barça de Cruyff se había impuesto al Atlético, y este año el Madrid alzaba el torneo en el Bernabéu ante los culés.
5) José Mourinho afronta su tercera temporada en el Madrid con tres títulos -Copa, Liga y Supercopa- en su haber. Johan Cruyff también había ganado primero la Copa (89/90, 2-0 al Madrid en Mestalla) y luego la Liga.
6) Vilanova sustituye a un mito culé, como jugador y entrenador. Algo parecido le ocurrió a Radomir Antic, que a mediados de la campaña anterior sustituyó en el Bernabéu a un destituido Alfredo Di Stéfano
7) El Deportivo de la Coruña estaba, como ahora,  recien ascendido. El Barça se cruzó en primera ronda de la Champions  con un equipo alemán -el Hansa Rostock- y el Real Madrid, en esta ocasión, se ha visto con el Borussia de Dortmund.
8) El pichichi de la temporada anterior había jugado en el subcampeón. Butragueño en el Real Madrid y "La pulga". en el actual Barça
9) Un equipo se incorporaba, meses antes, al listado de Campeones de Europa tras eliminar al Bayern de Munich. El Estrella Roja de Belgrado alzaba al cielo de Bari su primera Champions meses antes eliminando a los bávaros en semifinales; el Chelsea se proclamó campeón en Münich, precisamente, ante los muniqueses. Ambos ganaron la final en los penaltis; los balcánicos lo hicieron ante el Olimpique de Marsella. Hablando de la Champions: entonces, como ahora, Londres era la sede de la final.
Aquella liga terminó con el Madrid haciendo uno de los mayores ridículos de su historia (el 3-2 de Tenerife) y el Barça ganando Liga y Champions. Evidentemente, no digo que la historia tenga por qué repetirse a la inversa pero, cuidado con las comparativas al final de Les Corts. En conclusión:  hay Liga.