martes, 21 de agosto de 2012

Verano en Baltimore

Jimmy McNulty es el yerno que ninguno querríamos: borracho, mujeriego, tramposo y conflictivo. Omar Little es todo lo contrario de un gángster despiadado: su cuidada estética con un pañuelo negro, su cicatriz, sus exquisitos modales, su escopeta y su homosexualidad hacen de el uno de los personajes con más encanto de la historia de la televisión. Lester Freamon es el amigo al que todos quisiéramos tener, un cerebro privilegiado, uno de esos hombres que entienden que si cuando tenemos un problema nos ponemos nerviosos, entonces tenemos dos.
Omar Little
                                                       

Mi verano este año no ha tenido hueco para libros. No. Me he recreado disfrutando, asombrándome, saboreando cada matiz, cada escena, cada giro argumental, cada fotograma  de The Wire. Una especie de patio de monipodio en la Estados Unidos profunda y moderna: traficantes, matones, periodistas sin escrúpulos, alcaldes sin más discurso que lo que les devuelve el espejo, niños de la calle y droga, mucha droga. Una serie  de tipos capaces de dispararse al pie porque les gusta el brillo de las chispas, que nos dibuja a policías sin principios y a matones incapaces de disparar  a un ciudadano, de crear una ley para la selva cuyas normas son más sagradas que las de cualquier Constitución.
The Wire es la crónica de un fracaso. De cómo el narcotráfico y sus tentáculos entran por todos lados de nuestras casas. De cómo en ciertos barrios de Occidente hay niños que aprenden a disparar antes que a leer. De cómo en esos mismos barrios la ley no entra, sino que negocia. Y cuando dos negocian, dos ceden. De cómo el cuerpo de un mendigo apenas suscita atención para los medios de comunicación. De cómo estos dan crédito, en muchas ocasiones, a lo primero que se nos ocurre. De como la línea que separa el bien del mal es cada vez más delgada, hasta el punto de que ambos se mezclan hasta confundirse y desaparecer. De cómo los asesinos puden tener cierto sentido de la justicia.
Si no la han visto, la recomiendo encarecidamente. Esta historia de los bajos fondos de Baltimore no se hace pesada, al contrario. Deja perlas como una conversación entre periodistas en la que uno pregunta"¿has entrevistado alguna vez a un asesino en serie?" y el otro responde "Si. Conozco a Dick Cheney".
Si les gusta la intriga, el ritmo trepidante, las historias que crecen o se deshacen por el mínimo detalle, veanla. Y si después de procesar sus cinco temporadas, sus 57 capítulos, les sabe a poco y tienen la sensación de que la historia les es muy conocida, local y cercana, efectivamente. Estamos peor de lo que queremos soportar.

lunes, 20 de agosto de 2012

Benzú

Benzú duerme sobre el mar como un niño recostado sobre su madre. Es, sin duda alguna, uno de los parajes más hermosos de Ceuta, a medio camino entre el Atlántico que golpea las ventanas de las casas y que da la sensación de estar en un crucero cuando uno disfruta de un te en el cafetín con el Peñón vigilante al frente y la montaña, a los pies de García Aldave. Es, además, una barriada de pequeñas y cotidianas historias. Se de niñas musulmanas que pidieron tener un alumbrado extraordinario de Navidad  -en un lugar donde la población cristiana es prácticamente testimonial- o de historias de keftas mezclados con villancicos, de niñas que jugaron sin importarles que, el día de mañana, una se casara por la Iglesia o la otra por el rito coránico. Más allá de estériles, repetitivos y cansinos mensajes de convivencia, estos pequeños detalles humanos demuestran que la mejor manera de fomentar la convivencia consiste, simple y llanamente, en convivir.
Benzú no es el paraíso terrenal. Ha tenido, y tiene,  mil problemas de drogas, exclusión social, tensiones fronterizas o de aislamiento del resto de la ciudad hasta el punto de que ver la televisión autonómica o escuchar algunas emisoras de radio se convierte en un verdadero acto de heroísmo. No es un barrio integrado -físicamente- en la Ciudad Autónoma: le separan los suficientes kilómetros del casco urbano como para tener un alcalde pedáneo, pero tampoco tiene carta municipal. Y, viendo como anda la cosa de los dineros públicos, mejor.
Benzú, sin embargo, alberga en sus entrañas un tesoro de esos con los que la historia bendice a determinados lugares. Gibraltar enfrente, a la izquierda la Mujer Muerta, y en pleno corazón de la barriada, la Cabililla. Donde un concienzudo grupo de estudiosos, comandados por Darío Bernal o José Ramos, se ha empeñado en demostrar que la población de Europa no se hizo por el corredor sirio-palestino, sino por el Estrecho. Por tanto, Benzú no habría visto sólo ahogarse a los hijos de África en sus propias aguas. También buscar, quizá lo mismo pero 300.000 años antes, a los Neardenthales.
El Gobierno de la Ciudad busca reagrupar extensiones universitarios en el extremo opuesto de Ceuta, en el Acuartelamiento del Teniente Ruiz. Porque, al fin y a la postre, el Campus consiste en agrupar edificios diseminados por aquí y por allá. No habría mucho que objetar, pero si alguna cosita. Fuera UNED, fuera Magisterio, fuera la Guardia Civil y ya veremos que ocurre con el Murube en un futuro, Hadú -verdadero medidor de como van las cosas en Ceuta- se va quedando más desnuda cada día.
Benzú podría, por tanto, albergar una Facultad de Arqueología sobre los restos de su devastada cantera que permitiese a los estudiantes cursar la teoría y practicar sobre un Bien de Interés Cultural en cien metros de diferencia. Y si, se que meter a cincuenta o sesenta "indianas" en Benzú de golpe, sería como meter un elefante en una cacharrería. Pero la historia reserva lugar destacado para la audacia. Y las grandes ideas se tienen en un momento, pero a veces tardan años en cuajar.
A la barriada no le vendría mal ambiente universitario, ni en la cartera ni en el espíritu. La Universidad podría ofrecer una facultad sobre un entorno paisajístico y arqueológico de auténtica impresión. Y el que esto escribe lo hace con la amargura de habérselo comentado a miembros de los tres grupos representados en la Asamblea -PP, Caballas y PSOE- y haber tenido la sensación de gritar sobre un desfiladero. Con el eco propio como única respuesta. Con la sensación de que sólo el  temporal Plan de Empleo -¿qué tendrá, Dios mio, qué tendrá?- genera interés en determinados dirigentes políticos.
No soy un experto en nada, y menos en extensión universitaria. Pero me da que no sería mala idea. Mientras, seguiré de vez en cuando, yendo al Cafe Musical para, con un te y junto a sus ventanas construidas sobre un acantilado, quedarme absorto en mis pensamientos. Como la canción de Jorge Sepúlveda, como la Mujer Muerta, como Benzú, mirando al mar...

sábado, 18 de agosto de 2012

El míster, el catalán y la noche más larga

El 6 de junio de 1944, la mayor tropa jamás reunida desde la fallida conquista británica de Cartagena de Indias desembarcaba en las Playas de Normandía. El mundo no había conocido jamás tan formidable coalición: miles de hombres comandados por el general Dwight Eisenhower aprovecharon el despiste de los alemanespara asestar a los nazis el golpe definitivo. Hay muy pocos testimonios gráficos de aquel desembarco: algunas fotografías del inigualable Robert Kapa, la mitad de cuyo trabajo quedó velado ante la torpeza de un ayudante de laboratorio o las de Joao Saldanha. Curioso personaje este último: de fotógrafo comunista pasó, veinticuatro años después, a ser seleccionador de Brasil.  Fue a una rueda de prensa como periodista y salió como seleccionador anunciando, dos años antes, los componentes del mítico Brasil de Méjico 70; quienes serían titulares y quienes suplentes. Saldanha fue cesado meses antes del mundial; le sustituyó Mario "Lobo" Zagallo, cuyo activismo político era, desde luego, menos peligroso  para la dictadura brasileira que el viejo comunista.  Pero casi un cuarto de siglo antes, Saldanha fue testigo directo, trabajando para una publicación comunista, de la muerte de 250.000 hombres.
Joao Saldanha

Mi alma friki hace que Saldanha y Kapa completen mi imaginario podio de personajes favoritos de aquella fecha. Pero siempre por detrás del verdadero artífice: Juan Puyol García, un catalán que había desertado de la República al franquismo en plena guerra civil para arrepentirse después. Garbo, como se le apodó por sus dotes artísticas, luchó en dos guerras en dos bandos sin pegar un tiro. Arrepentido, convenció a los británicos para hacerse pasar por doble agente y, gracias a su febril imaginación, diseñó toda una suerte de espías, contactos y residencias con las que sometió a los alemanes al mayor engaño de la historia. En conclusión: convenció a los alemanes que el desembarco se produciría más al norte y más tarde de lo que finalmente fue. Pero tal fue su engaño que, cuando los soldados de la coalición desembarcaban tierra adentro, el III Reich le otorgaba su máxima distinción en tiempos de guerra. Lo que sumado al posterior reconocimiento del Imperio Británico convierte a nuestro compatriota -que hubiera cumplido 100 años el pasado 14 de febrero- en el único caso conocido de  condecorado por dos bandos enfrentado en tiempos de guerra. E, insisto, sin dar un sólo tiro.
Juan Puyol "Garbo"

Desde aquella noche de muerte, sangre y dolor en Normandía, los gobiernos del mundo celebran cada 6 de junio el triunfo de la civilización frente a la barbarie. Incluyendo el gobierno del país derrotado, Alemania, que ha sabido librar una ejemplar batalla contra lo peor de si mismos desde aquellos momentos.
Kapa, Saldanha, Eisenhower,  Garbo  y tantos protagonistas de la noche más larga de todos los tiempos murieron. Otros son aún transmisores de aquel principio de junio: de las penalidades y miedos, angustias o fobias. Pero todo el mundo tiene claro que aquello fue historia, que hay que recordar y que, objetivamente, las cosas acabaron de la mejor manera posible.
 La historia y sus analisis han de quedarse  para los estudiosos, aficionados y profesores, divugarse y darse a conocer. Otra cosa sería agitar la historia en función de no se que intereses políticos. Vamos, como si nosotros ahora declaramos la guerra a Italia por el suplicio de Viriato. El resultado, en tal supuesto, oscilaría entre el esperpento, la mezquindad y la falta de rigor e imaginación.  Sobre todo porque, cuanto más lejos estamos de ciertos pasajes de la historia, menos sentido tiene tratar de reescribirlo buscando un (desesperado) motivo de notoriedad política....

viernes, 17 de agosto de 2012

Carmen no bajó la persiana

El principal problema de vivir en una ciudad tan limitada geográficamente es que nos aislemos en nosotros mismos y pensemos que no hay mundo más allá de la bocana. Es un error en el que hemos caído todos: medios de comunicación, políticos, empresarios y sindicatos, arrastrando con ello al resto de la sociedad en una nociva ceremonia de la autocomplacencia. Y cuidado, que no desprecio lo que tenemos aquí: me consta, y últimamente más que nunca, que el nivel de vida en Ceuta es envidiado por muchos ciudadanos peninsulares. Estar en casa muerto de calor, ponerte un bañador y tardar no más de cinco minutos en llegar a la playa es, por ejemplo, un pequeño detalle de lo que esta ciudad puede ofrecer de si misma.
Pese a todo, los escasos capítulos de competitividad y economía de mercado se antojan rentables. No dispongo de cifras, pero si de imágenes y recuerdos. Algunos de ellos, por ejemplo, me llevan a la segunda mitad de los noventa, cuando la empresa Continente quiso desembarcar en Ceuta. Una plataforma síndico-social se alzó casi en armas por lo que consideraron un ataque a la economía de la ciudad y una sentencia de muerte para el pequeño comercio local.
Sin embargo, y pese a lograr su objetivo de impedir el desembarco de Continente, no se apreció por las causas que fueren el mismo fragor en otros casos acontecidos pocos años más tarde. No vino Continente, pero llegó Supersol. Y Eroski, antes que Lidl, Día o Covirán. Conclusión: el beneficiario ha sido el ceutí que ahora puede elegir los yogures de un lado, las cervezas de otro y el pan de molde de aquel de allí. Y por supuesto la gente que encontró trabajo gracias a estas firmas comerciales y al verdadero cliente potencial de Ceuta. El paraguayo del siglo XXI ya no viene desde Extremadura o Málaga. Viene desde Casablanca, Tánger o Rabat.
Otro ejemplo: las firmas de moda. Zara, Springfield o Blueberry son algunas casas, por mencionar otras, que han desembarcado en Ceuta en la última década. Nada incompatible con las tiendas pequeñas: Almacenes Madrid, Cutillas, Fariñas o Nueva Galería siguen subsistiendo. No es fácil: nunca lo fue. Pero pese a lo que auguraban los comentarios de barra de bar, siempre más interesantes que el CIS, Carmen Marañés nunca bajó la persiana. Porque la fortaleza de estas empresas estriba en ser las de "toda la vida", en la cercanía al cliente, en las "cuentas abiertas" y en la especialización en determinadas prendas y mercancías.
Ceuta tiene que abrirse, que aprender de estos casos generados por inercia (otro ejemplo: McDonald's compite/convive con otras firmas de comida rápida en Ceuta y a escasos metros de distancia) y olvidarnos del tópico "es de Ceuta, de siempre". Al empresario y pequeño comerciante ceutí, al que lleva generaciones invirtiendo y doblando el lomo para generar empleo y riqueza, hay que cuidarlo y ayudarle. Pero nunca caer en el miedo al progreso y al frescor de los nuevos aires. Lo contrario es anestesiar a una ciudad. Lo contrario es que las cartas de juego las tengan siempre los mismos. Lo contrario es la cultura del monopolio, como vergonzosamente se propone ahora para las navieras desde la cincuagésimo sexta mesa por la economía creada en las últimas décadas. Lo contrario es despojarnos de cualquier hálito de imaginación, innovación y talento. Es decir: avanzar hasta el descubrimiento de la rueda redonda.

lunes, 23 de julio de 2012

Propuestas sin coche oficial

De las pocas noticias que he leído en mis casi extinguidas vacaciones, una me ha llamado sobremanera la atención. Que el pleno de la Asamblea debatirá la próxima normativa sobre transporte público urbano  en el próximo mes de septiembre.
Y aún siendo consciente de que mis propuestas -o propuestos- serán desoídas, creo que al no disponer de coche oficial ni vivir en el centro de la Ciudad, estoy en condiciones de hacer una serie de sugerencias para que caigan en saco roto, nuevamente, pero de las que al menos quede constancia.
1) Conexión de autobuses con la Estación Marítima y el Helipuerto. Resulta verdaderamente bochornoso que las vías de enlace de Ceuta con la Península estén incomunicadas salvo que se vaya en taxi o vehículo particular. Cualquier aeropuerto o estación ferroviaria de medio pelo ofrece al recien llegado dos opciones de transporte público.
2)Habilitación de una línea Puerto-Frontera. Es aún más deprimente ver en la parada de las Puertas del Campo la imagen del "guiri" cargado con las mochilas y esterillas y el chofer señalándole la señal de Supersol mientras le dice "llega ahí. Luego cruza la acera" para coger el barco.,
3) Locución de las paradas.  No soy sospechoso de estar en contra de que se escuchen las emisoras de radio. Al contrario. Pero creo que tampoco estaría de más que una voz en off fuese anunciando las paradas a las que se va a llegar (Ej: próxima parada Manzanera) .
4) Denominación de las paradas. Cuando tu transporte habitual es el autobús, aprendes de memoria en que loseta para el de Los Rosales y en cual el de la Frontera. Pero para aquellas personas que no lo sean, no sería mala idea que supieran donde esperar en vez de jugar al "adivina, adivinanza ¿el de Benzú por donde pasa?". Como no creo que fuera un esfuerzo de titanes especificar, en un mapa, que combinaciones hemos de coger para llegar a tal o cual punto. Invito a quien no lo crea a que vea un mapa de transporte público de Madrid o Barcelona.
5) Venta de abonos en el mismo autobus. O en más sitios que no sean la propia sede de la Empresa de Autobuses.
Se me quedan algunas propuestas. Aumento de los horarios los fines de semana, construcción de una parada central como aquella que tuvimos durante siete años y tiramos abajo para levantar la Estatua a la Constitución, etc. Pero se que estas propuestas caerán en saco roto.Aclarar que estas son propuestas para mejorar, desde mi punto de vista: nada en contra de los empleados de la empresa que, con las lógicas excepciones, son grandes profesionales. No dispongo de coche oficial. Y lo que mola es conectar Ceuta con Tánger -que mola, de verdad-, aunque sea sin pensar en como podemos solucionar los muchos problemas del transporte en Ceuta....

sábado, 21 de julio de 2012

Matanzas, foros y estigmas

No soy licenciado en Periodismo. Y no voy a abrir el debate sobre si eso es mejor o peor; he conocido grandes periodistas y auténticos fraudes con y sin título. Pero si alguna vez -improbable- diera clase, no aburriría a mis alumnos con el Martínez Albertos o la pirámide invertida. Quizá sería más productivo para ellos y, sobre todo, para la sociedad, hacerles partícipes de una serie de frases, de mantras, de conceptos que deben tener claros.
Uno de ellos sería la información sobre la enfermedad mental y la estigmatización sobre los lugares en los que ocurren tragedias.  A veces, y el caso del cabrón de Oslo es un ejemplo, se tiende a preguntar si cuando alguien perpetra una masacre tenía algún tipo de trastorno. No.  A veces el mal es así porque se viene con el de serie. Conozco a unos cuantos esquizofrénicos y bipolares: garantizo que son gente encantadora. Y cuando hay un enfermo mental de por medio, es cuando tenemos que replantearnos muchas cosas.  Quizá venderíamos cincuenta periódicos menos al día siguiente, pero sería más correcto si en los titulares especificaramos si el trastornado en cuestión sabía que lo estaba, si tomaba el tratamiento, si lo sabían sus familiares y, esto es tan desgarrador como común, si sus familiares disfrazaban de depresión la vergüenza de tener un "niño tonto".
Estigmatización de colectivos, pero también de lugares. Ayer, en Colorado (Estados Unidos) un grupo de gente se disponía a hacer lo mismo que yo hice a medio mundo de distancia: quedar para ver la tercera entrega del Batman de Nolan. En Colorado, en Ceuta,  en Bratislava, en Londres: miles de personas pagando una entrada de cine para  evadirse un par de horas y disfrutar de una, por cierto, magistral película. Ocurrió en Colorado, en una peli de superhéroes, pero podría haber ocurrido en El Escorial, Florencia o Le Havre viendo Blancanieves: alguien entra con un rifle y mata a doce personas.
Y en los foros, donde no hace falta más máscara que la del anonimato, no han faltado ya los ataques a Estados Unidos. Que si la sociedad violenta, que si están todos locos, que si los rifles. Cabría preguntarse que pasaría en España si todo el mundo tuviese acceso a un arma.
A los norteamericanos no les perdonamos nada. Les echamos la culpa de todo. Sin embargo, que bueno están el Marlboro, la Coca Cola y el Jack Daniels. O los Donuts con chocolate y el McDonalds. Nos están invadiendo, son el imperio del mal, pero nos falta tiempo para ver la NBA porque nos llena de orgullo ver a españolitos jugando allí. Y el cine francés no llena salas en España, por ejemplo.
Sinceramente, se que han hecho cosas reprobables. Como todos los países: ellos con la Escuela de las Américas, pero  Francia siempre tendrá la conciencia sucia por haber provocado en Ruanda el mayor genocidio desde la II Guerra Mundial. Una Guerra que Europa ganó, se quiera o no, gracias al concurso de los norteamericanos y a la determinación de hombres como Eisenhower o Patton. Si, tienen muchos defectos, pero también nos llegan algunas de las más evocadoras historias de cambios sociales desde el otro lado del Atlántico. Y si, el paleto norteamericano existe. Son gente normal y corriente, como usted y yo, que van al trabajo, pagan la hipoteca y les gusta divertirse. Merecen más respeto que el de unos cuantos chistes bordes escondidos bajo la cobardía de un nick en muchos foros.
 PD: Se como se llama el asesino de Noruega. Pero permítanme que no contribuya a su leyenda mencionando su nombre.

lunes, 9 de julio de 2012

Del perdón y el olvido

Barcelona se despierta luminosa. Es una mañana cálida, más no el bochorno que a media tarde suele azotar a la Ciudad Condal: corre un cierto airecito que alegra y amortigua los rigores del verano. La metrópoli catalana se ofrece, a media mañana, al paseo sin prisas, a la lectura reposada, al trinar de los pájaros en cierto barrio cuya tranquilidad es tan absoluta que parecería mentira se trate de parte de una ciudad bulliciosa, infernal y frenética en sus más céntricas calles.
La lectura reposada, acompañada de un refresco y mirando el reloj por pura curiosidad se ha convertido, cosas de la vida, en uno de mis grandes placeres, de mis pequeños síntomas de libertad. Y la portada y edición del diario El Mundo de hoy invitan a leer con detalles, sin prisas, la entrevista con la que el periódico recuerda la fatídica fecha. Ya han pasado quince años.
La entrevista es con Miguel y Chelo. Un matrimonio que debiera estar ya disfrutando de su jubilación, viajando a Benidorm, jugando a la petanca o cuidando de los nietos, pero al que la vida se le paró justo hace tres lustros. En 1997. En el año en que su hijo, Miguel Ángel, pagó con su vida ser de un partido político y trabajar por sus ideales.
¡Coño, década y media!, pienso. Pero para ellos no. Ellos, reconocen a Fernando Lázaro, viven atrapados en aquel mes de julio. Reviviéndolo cada día. Recordando aquel maldito momento en el que un periodista preguntaba al patriarca de los Blanco Garrido si sabía que su hijo había sido secuestrado por ETA. Y el infierno que vino a continuación. Y el espíritu de Ermua. Y los lazos azules y las manos blancas. Y el pellizco en el alma, preludio de alguno aún mayor en forma de trenes desilachados siete años después.
Los padres del concejal afirman que nunca habrá perdón en su casa. Ni, por supuesto, olvido. Y es que ambas son cuestiones tan etéreas, acepciones tan empleadas, que a veces no nos paramos a pensar en lo que significan. Creo que vienen bien periodistas con agendas marcadas en rojo para recordar ciertos aniversarios. El olvido significaría la derrota definitiva de los que aún tenemos conciencia. Y de ahí a la relativización sólo hay un paso.
Y que nadie hable de perdón, de gestos generosos ni de gaitas. No. El Estado puede ser clemente. El perdón va mas allá; supone dar por finiquitado el daño recibido. Corresponde a las familias; a los que recibieron una llamada a altas horas de la madrugada o la inesperada visita de unos agentes para comunicar una mala nueva. A los que desde  cualquier maldita fecha, en el País Vasco o donde fuera, se les paró el reloj.
No habrá perdón para Txapote, maldito verdugo de alma en piedra. "¿Qué pasa, que por que ETA ya no mate es buena?. Cuando no consigan lo que quieran, volverán a hacerlo", espeta el padre de Miguel Angel en relación a la banda. Quien pueda perdonar, que perdone. Y quien no quiera, que no lo haga. Pero solo pueden hacerlo las víctimas.
El resto, solo podemos hacer una cosa. No olvidar.  Y es difïcil escribir la historia cuando el alma aún está en carne viva. Me lo recuerda aquella maldita sensación de vértigo, de escalofrío, que recorrió como a millones de españoles cada poro de mi piel en esos tres malditos días de julio. . Y me lo recuerda una silueta lejana, aquí en Barcelona. La del supermercado Hipercor, que se alza a escasos metros de mi parada matutina. La vida es puta de lujo  y, como tal, caprichosa y retorcida. ¿Que otro lugar más apropiado para que el recuerdo de un julio del 97 me sorprendiera en forma de periódico?.