martes, 24 de abril de 2012

Un premio para el Nano

Era una contertulia de Carlos Herrera -no recuerdo exactamente cual- la que el pasado lunes hacía el comentario que inspira este artículo. Herrera y el resto del equipo aplaudieron la idea como un resorte: la de proponer un candidato para el próximo Premio Príncipe de Asturias de las Letras.

Y el candidato es alguien a quien todos conocemos bien, aunque la mayoría no haya hablado en su vida con el. Pero es conocido porque su música, su poesía, nos ha acompañado a todos los que hemos escuchado música en castellano en los últimos cuarenta años.

Leonard Cohen, en efecto, duerme como nadie a las ovejas cantando aleluyas. Pero el Nano -con el que sólo hablé el tiempo suficiente para hacerle dos preguntas en una rueda de prensa y pedirle una foto- somete a toda la trashumancia a la dictadura de un pentagrama. Bob Dylan, que al parecer no es tan borde como aparenta sino algo más, puede pensar que la respuesta está en el viento. Para mi no. Para mi está en las arenas donde duerme mi niñez recubierta de cañas y sal.

El candidato, el Nano, es canalla, cotilla y hasta cruel: no hay más que escuchar su crónica del entierro del insignificante pero entrañable Curro el Palmo. Tiene la gravedad de quien sabe que los pueblos blancos están condenados a morirse y no deja de soñar con que, algún día, un lunar se pague más caro que una pinacoteca.

Siendo catalán podría pasar por charnego; siendo español podría pasar por sólo Dios sabe qué. ¿Tiene voz?. Ni para dormir a un niño, que para eso ya están Cohen y Dylan, pero es inconfundible. No soy amigo suyo ni comparto sobremesas con el -ya quisiera- pero puestos a premiar a cantautores de otras latitudes, premiemos el producto nacional. Sobre todo si se llama Joan Manuel Serrat y ha compuesto buena parte de la banda sonora de nuestras vidas.

sábado, 21 de abril de 2012

Y volvió el Madrid

Ganó el Madrid en el Nou Camp, destrozando una serie de tópicos creados en los últimos años en relación a la derrota psicológica de los blancos antes de empezar un partido, en la fragilidad de la pizarra de Mourinho frente a la de Guardiola o la capacidad de Cristiano Ronaldo para desaparecer en los partidos de verdad.
Ganó el Madrid en el Nou Camp, y sentenció la liga. Avisa, además, de un cambio de ciclo: la derrota blaugrana evidencia que a Puyol y Xavi -los dos mejores en sus puestos de la historia de España: nada que reprochar- les empiezan a asomar goteras. Messi es mortal cuando Iniesta -que no puede ser expropiado, Cristinita- o Xavi no tienen el día y Guardiola empieza a ser cuestionado. Ingratitud del fútbol: se critican decisiones al hombre que ha dirigido el mejor conjunto de la historia y cuyo ciclo parece destinado al ocaso, como el de Gerard Piqué -el Ibrahimovic o Eto'o de este año- al final de Les Corts.
Pero ¿por qué la victoria?. El Madrid se esforzó; fue un equipo solidario, entregado, con espíritu de lucha. Fue humilde y paciente, y no dió el partido por perdido ni cuando Alexis empató y se anunció goleada culé. El Madrid, finalmente encontró la senda del triunfo. Mourinho parece haber entendido que el escudo al que representa es más grande que el. En definitiva, que para ganar y volver a ser campeón, a su equipo le bastó con una cosa. Simplemente, volver a ser el Madrid.

lunes, 16 de abril de 2012

Una historia Real

Editorial del programa "Ceuta en la onda" -101.4 de la FM y www.ondacero.es/directo/Ceuta de lunes a viernes a partir de las 12.30- del lunes 16 de abril
Sustentada sobre años de tradición y servidumbres, la familia real británica estaba preparada para todo menos para lo que aconteció al final de aquellos convulsos años treinta. Eduardo, llamado a ocupar el trono de los ingleses, iniciaba una tórrida relación con Wallis Simpson: plebeya, norteamericana, frívola y divorciada. Demasiado para una institución que sustenta, sobre la corona real, no solo el peso de siglos, sino el de la Iglesia anglicana.
El romance con la señora Simpson no era sino el último y, quizá, menos grave de los quebraderos de cabeza que el príncipe heredero daba a la monarquía. En aquellos años, en que Europa se veía amenazada el nazismo, Inglaterra se encontraba con un doble problema: el nazismo en sí, además de un heredero al trono que profesaba ciertas simpatías con el régimen de Hitler.
A la muerte de su padre, Jorge V, Eduardo fue proclamado como Graciosa Majestad del Reino Unido de la Gran Bretaña, Irlanda del Norte y emperador de la India. Sin embargo, en una época prebélica, en el contexto de una crisis económica importante y con el mundo cambiando de eje político, Su Majestad no tenía la cabeza en su sitio. Antes al contrario, el Rey Eduardo era un hombre alocado, poco dado a atender la agenda de un estadista, condicionada en muchas ocasiones a las caderas y caprichos de Wallis Simpson. Lo que derivó en que la Monarquía quedara maltrecha entre sus súbditos.
Un día de 1936, Eduardo abdicó. Quedó como Rey Jorge VI: tartajoso y acomplejado, pero al que la historia eligió para liderar a Gran Bretaña en el momento más complicado de su historia: no era fácil pedir unidad a los británicos mientras llovía fuego sobre el cielo de Londres o Liverpool. Libre de aquellos asuntos de Estado, a excepción de un breve periodo como gobernador de las Bahamas, Eduardo y la señora Simpson disfrutaron de la intimidad, paz y libertad que añoraron siempre hasta el final de sus días; para Jorge VI y sus hijas quedó la vida en el Palacio de Buckingham, el triunfo sobre los nazis o la reubicación británica en el nuevo orden mundial. En definitiva: los libros de Historia. Una abdicación, irónicamente, para salvar la monarquía. Una hermosa y Real historia que conviene leer o recordar de vez en cuando, aunque no seamos hijos de la Gran Bretaña...

martes, 10 de abril de 2012

Famosos

Coincido con ella en un avión. Me sorprende verla embutida, aún en el aparato y en pleno vuelo, tras unas gafas de sol y con un moño a la martirio. Está sentada en mi misma fila y sólo nos separa el pasillo. Tardo en reconocerla: dos chicas que le piden un autógrafo me ponen sobre la pista de que se trata de alguien famoso. Ella firma, sin quitarse la máscara modelo Ray Ban y de patillas rojas que le proporciona algo de anonimato, sonríe y sigue a lo suyo.
Lo suyo es dormir. A fe que la veo cansada, no se si dolorida o molesta. La imagen que tengo suya es de perfil, así que sólo un tatuaje en su mano me pone sobre su identidad. Se ha tatuado la palabra tras la que se esconde su primer éxito, el que la saca del mismo anonimato que momentaneamente recupera.
El fan suyo que llevo dentro me pide levantarme, sacar mi cámara y pedirle una foto. Pero noto que no tiene un buen día. Y pienso en la vida de gente como ella: de escenario en escenario, de avión en avión, de estudio en estudio. De impertinencia en impertinencia. Y caigo en la cuenta de que, además de famosos y grandes artistas, son también personas. No son insensibles al dolor, al mareo, al cansancio. No, no debe ser fácil su vida.
La vuelvo a ver al recoger las maletas. Estamos los dos sólos por unos minutos: ella con sus gafas de sol bajo techo y sin ventanas. Yo con mi cámara de fotos en el bolsillo y sin nada que perder. La miro. Nota que se quien es. Trastea con su teléfono móvil. Cojo mi maleta y me voy. Se que hay muchos que han vendido cada minuto de su vida, se que gracias al afan de protagonismo de muchos artistas (o pseudo artistas) podemos conocer mediante twitter cada gesto, hasta el más íntimo y escatológico. Pero me da que, como mi ilustre compañera de viaje, las hay que quieren vivir de su trabajo y punto. El primer tipo (cambiandomeeltampax# o #apuntodeafeitarme) que se las apañe cuando les vengan mal dadas. Pero el segundo grupo, el de los currantes del escenario que buscan con su trabajo el pan y tener cerrado el dormitorio, me merece todo el respeto.
¿Qué quien es?. Ella no quiso enseñar sus ojos, descubrirse. Y yo guardaré su nombre mientras su voz suena, poderosa, en los altavoces de mi ordenador.

martes, 27 de marzo de 2012

Prejubilación andaluza

Se que en los últimos tiempos mezclar las dos palabras que encabezan este artículo es como decir bomba en un avión o Figo en el Nou Camp: aténgase usted a las consecuencias. Pero no me refiero al complejo -y pestilente: la legitimidad de las urnas no transforma la mierda en colonia- asunto de las prejubilaciones o ERE's tan falsos como una moneda con mi cara. No.
Me refiero a que los electores andaluces prejubilaron, sin saberlo pero irremisiblemente, a los tres dirigentes de los principales partidos políticos de la comunidad más grande de España. Guarden, si quieren, este artículo. Y recuerdenme que les invite a cenar si el trio Arenas-Valderas-Griñán sigue siendo la oferta a los votantes andaluces en 2016.
Todos tienen motivos para decir que ganan, es cierto. Pero todos para sentir que tienen la puerta de salida más cerca del despacho que el jardín con fuente. Empecemos.
Los resultados de Javier Arenas son, sin lugar a dudas, meritorios. No hay que olvidar que por primera vez en la historia el PP andaluz logra ser el más votado, la formación de referencia en unas autonómicas, completando además el ciclo de municipales y generales. ¿Cual es el problema?. Dos, a mi juicio. Uno no haber encontrado en la historia, en su propia trayectoria vital, la respuesta y no haber intentado el "sorpasso" que le dejó en las puertas de San Telmo en 1994. Es decir: tender puentes con IU y convencer a un viejo amigo de que el enemigo común era el PSOE. Y el segundo error, el creer que ya estaba todo hecho. No acudir al debate, dejar una silla vacía delante de los espectadores de la televisión autonómica con más audiencia -si, es cierto- del país ha sido una "arriolada" demasiado gorda. Definitivamente, el PP tiene un panorama incierto con Arenas. Pero también más allá de el. "El que ha de venir" hace tiempo que se fue sin ni siquiera llamar a la puerta. Se llama Manuel Pimentel.
José Antonio Griñán ha demostrado tener mejores habilidades para el cálculo electoral que lo que presumía todo el mundo. Sabía que tres meses desde la toma de posesión de un Gobierno Rajoy con algunas medidas perentorias le iban a beneficiar. Y a fe que lo ha hecho: jamás una derrota fue tan dulce ni una victoria tan amarga, como diría Alfonso Guerra. Pero no deja de tener una edad -66 años- y no deja de ser el primer secretario general del PSOE-A que pierde unas autonómicas contra el PP. Y encima va a tener que afrontar un viaje con la siempre incómoda e imprevisible compañía de IU.
Y Diego Valderas, por último. Ha duplicado votos y escaños, tiene las llaves de San Telmo y gozará de una influencia a la altura de la del propio presidente de la Junta. Pero Izquierda Unida tendrá que hacer algo que al comunismo siempre se le dio mal: pasar de la teoría a la práctica. Es decir: gobernar, decidir, dejar descontentos, cadáveres en los armarios y digerir principios para pagar funcionarios. Demasiado desgaste para los chicos del "flower power". Hay un dato a resaltar, también: la abstención, que es más en los votantes del PP que en las filas de la izquierda. O sea: al revés que en el resto del país. El conservadurismo, entre Algeciras y Despeñaperros, no tiene gomina sino el puño cerrado.
Por cierto: no soy andaluz, aunque mis costumbres y forma de ver la vida, evidentemente, si lo sean. Pero pido respeto para Andalucía y sus votantes, independientemente del veredicto que hayan tomado. El mismo, por ejemplo, que me merecen -sinceramente- los valencianos a pesar de tanta Quiebra Mítica.

miércoles, 21 de marzo de 2012

La reina de las mariposas

Agoniza el Ceuta: dentro de unos días podemos vivir la vergüenza de ver como nuestro equipo corre la misma suerte que el Sporting Promesas o el Poli Ejido. La suerte de clubes tan mal gestionados que ni siquiera fueron capaces de acabar la temporada. Y a fe que me duele.
Me duele, porque soy firme defensor de la teoría de que los equipos son el reflejo de las sociedades a las que representan. Nada mejor, por ejemplo, para definir a las "dos Sevillas" que la peculiar idiosincrasia de Sevilla y Betis.
Si damos por buena esa teoría -ustedes ven en su equipo lo que que ustedes viven en sus calles-, desde luego el Ceuta es el mejor ejemplo. Esta ciudad, que arrastra un considerable y preocupante complejo de si misma, y en la que creemos que la ineptitud ajena siempre va a ser mejor que el talento propia -ya se sabe que en Málaga, Sevilla o Algeciras los hacen con dos neuronas más y que fuera de Ceuta el orín huele a dama de noche- no podía resistirse a la tentación de tener un "club señor".
¿Qué es un club señor?. ¿Un equipo que infunda valores como la constancia, el ahorro o el trabajo, a la gente?. ¿Un club que respete al rival y tenga paciencia y sea consciente de que representa, en cada momento, a una ciudad?. No. Eso es un club con señorio. En Ceuta lo hemos entendido al reves.
En Ceuta hemos confundido señorío con despilfarro: no han sido pocos los desplazamientos a Algeciras (¡¡¡Algeciras!!!), La Línea, San Fernando, El Puerto de Santa María, Marbella o Estepona en los que el Ceuta ha viajado dos días antes para "desconectar". Ni los stages de pretemporada en entornos naturales para "fomentar la convivencia". En entornos naturales. Ahora me entero que el Chorrillo o los pinares de García Aldave son polígonos industriales. Y todo esto con dinero público.
Ni los cambios de entrenador, que han dado lugar al histriónico dato de que el Ceuta haya tenido más técnicos en quince años de historia que el Liverpool o Manchester United en más de cien. ¿Un equipo como el Ceuta, fuera del play off de ascenso?. Por favor....
Ni las complejas estructuras -entrenador, segundo entrenador, director deportivo, masajista, preparador de portero, psicólogos, gabinete de prensa, ats/due, etc- que ha tenido el Ceuta. Cuidado: nada que objetar al trabajo de estos profesionales: si lo han cobrado, y lo han cobrado bien, para algo se les requirieron sus servicios. Pero vayan haciendo números.
En conclusión: que el Ceuta, como Ceuta, ha vivido por encima de sus posibilidades. Y que el Ceuta, como Ceuta, se ve agonizando por haber sido cigarra cuando tocaba ser hormiga, por recelos personales y por ese gusto que tenemos en esta tierra de sacarnos el ojo para que el vecino quede ciego. ¿Culpables?. Por lo que he podido indagar en los últimos días, todo el que ha tenido algo que ver con el Ceuta en el último lustre, en mayor o menor medida. ¿Víctimas?. De momento, dos. Por un lado, un grupo de jugadores, técnicos, utilleros y administrativos que se ven en el siempre doloroso trance de pedir dinero a los padres para ir a entrenar, de vivir tres en un piso o de ser desalojados por no pagar el alquiler. Y por otro, el Ceuta que, como la mariposa de Lole y Manuel, pasará dentro de poco de reinar en el prado a quedar expuesto en un museo de breves bellezas muertas

viernes, 10 de febrero de 2012

Llámenle Jesús

Con la comparsa de El Puerto de Santa María siempre tuve una especial relación. Como los buenos amores, surgió cuando menos lo espera uno. Fue al principio de mi adolescencia, en una época en que el carnaval me despertaba el mismo interés que la liga ecuatoriana de voleibol. Sin embargo, la historia de un malagueño muerto un 4 de diciembre, de una raza mora que había sido morena y legendaria o de un hombre que vendía arabescos de color -con una guitarra, una pena y un cantar-, en el zoco de Tetuan, me engancharon. Aquel día me acerqué, por primera vez, a la mayor de mis pasiones.
De Ceuta a Cádiz; de Cádiz a Ceuta. De la Caleta a la Ribera, del tango del anticuario a los boquerones y las sardinas. De Martínez Ares a Valeriano Hoyos. De la Viña a O'Donnell. Del Lobe a Javi Téllez. Del Polígono a la calle Avefría. De cualquier bar a la peña de Los Majaras, al ladito de la casa de una parte entrañable de mi familia.
En fin: que me convertí en un majara más. Y que me alegré sinceramente cada vez que, desde la distancia, veía como El Puerto alcanzaba una final. Y también lamento que un tío con tanto arte como para llamarse Antonio y que le digan Pedro se haya retirado sin un primero que lucir.
Este año, la comparsa de El Puerto presenta un tipo revolucionario. No por el decorado, ni por el vestuario, sino porque representa el personaje más difícil y grande de la historia.
Se que poner una comparsa representando a Jesús de Nazaret ha herido muchas sensibilidades. Nada que no se esperase; el nazareno es el personaje central de Occidente, y es difícil no pisar algún callo cuando se le menciona.
Pero el Jesús que representan Los Majaras es el que yo me imagino. Ofendido con que, en su nombre, se ocultaran bestias tras las sotanas para reventar la infancia de un niño. Dolido porque El, que predicó humildad, no puede soportar que el templo siga lleno de mercaderes.Triste porque su vida y su muerte no cambiaron nada 2000 años después.
No creo que naciera de una Virgen, que resucitar al tercer día o que no compartiera lecho con María de Magdala. Digo esto con el más sincero y enorme respeto a quien si lo crea y sin el menor ánimo de abrir un debate: tan enorme fue aquel hombre de Judea que cualquier versión que queramos de el es verídica y compatible con la del resto. Pero de una cosa estoy seguro: me quedo más con la idea que nos presenta la comparsa o con aquel al que cantara Carlos Mejía Godoy en su misa campesina que con aquello que un día trataron de inculcarme.
Porque contra banqueros y gobernantes, siempre ponemos la otra mejilla y subimos al Calvario. Porque llevamos a cuestas cruces y todos soportamos la lengua del fariseo. Porque vemos como cada día se salva a Barrabás y se deja caer a los buenos. Y porque nuestras calles siguen llenas de Lázaros y Magdalenas. Porque mucha gente de mi generación lleva clavadas las espinas de la droga en la frente y porque la humanidad sangra hambre por los costados. Y porque no quiso tronos, sino un simple borrico. Por eso, me quedo con su imagen más humana y su denominación más sencilla. Simplemente, llámenle Jesús